Category Archives: canapés

Adictos

Si William Burroughs escribiera hoy sobre el infierno laberíntico de la adicción, no escribiría sobre heroinómanos, sino sobre tipos que entran a un bar tras otro y, apurados, transpirados, encorvados, inspeccionan los zócalos en busca de un tomacorriente donde poder cargar la batería el celular.

Esa selfie

Acá informando desde Planeta Gay. Cada vez “se usa más” la foto tirado en la cama, boca abajo, con cara de dormido, y atrás, a lo lejos, que se “insinúe” la raya del culo. Opción A: en slip, acomodado para que se meta en la raya del culo. Opción B: con el culo al aire. Más atrás asoman, generalmente, muebles ensamblados del Easy y más atrás alguna pared sin revocar o alguna mancha de humedad. No es este caso de la foto, que es una versión chic, minimalista. Así que ya saben, lo más IN del verano es que el culo no sea protagonista, sino que haga una participación especial, un guest starring, como en las series de los 70s, cuando en La mujer biónica aparecía de invitado uno de Bonanza. Acá el culo debe aparecer levemente difuso, en la bruma de la lejanía, recuerden a Osvaldo Lapport y repeat after me: Más allá del horizonte, pero anal. Pero ojo, que ni Rembrandt, porque el vértice anal debe situarse geométricamente casi en el centro de la foto, como punto de fuga, ojo del huracán, pozo de succión del centrifugado, aljibe donde baja el baldecito de lata y vuelve el néctar de la carne. Con práctica y paciencia, con prueba y error, termina saliendo, y nada ya volverá a ser lo mismo. Vamos a un corte.

Ser o no ser

Si sos oso, no, sos gordo. Si sos morrudo, no, sos grandote. Si sos de huesos grandes, no, sos de carne firme. Si sos onda rugbier, no, sos onda patón. Si sos panzón, no, tenés pancita. Si sos culoncito, no, sos fuertón. Y al final igual acá no hay osos de verdad, porque los de verdad están todos metidos en una pileta de Fort Lauderdale y acá son todas obesas, pasivas y creídas. Listo, ahora que resolvimos la cuadratura del oso, ¿nos tranquilizamos un rato?

Ahora ya

¡El tiempo se acaba y solo tenemos el ahora, el ya mismo!, pensó mientras examinaba la vidriera de una liquidación total por cierre definitivo. Avanzó unos pasos. ¿Por qué nos recostamos tan cómodamente en el sommier del desinterés?, pensó frente a la mueblería. ¿Por qué dejamos escapar el presente, el único momento dónde podemos convertir lo crudo en lo cocido?, pensó frente a la carne que rotaba atravesada por el hierro, en el local de comida árabe. El pasado es un historial de mensajes torpes y el futuro un punto perdido en un país extraño, pensó, finalmente, mientras desaparecía de la pantalla de su celular la última línea de batería, sin que su cita de Grindr terminara de especificar la dirección exacta del encuentro.