Category Archives: hablemos de mí que es un tema fascinante

Calor

Salgo a comprar leche para desayunar, vestido así nomás, sin siquiera lavarme la cara, y sin darme cuenta de que la ola de calor ya pasó y está fresco. Cuando salgo del almacén, una señora mayor, muy elegante, me chista. ¿Me ayuda a cruzar esa calle, por favor?, me pide, señalando el cruce a mis espaldas. Le digo que sí, que por supuesto, y le ofrezco mi brazo, que toma con elegancia. La gente observa extrañada a la señora del vestido y al gordo de bermudas y ojotas con el sachet de leche en la mano que avanzan a ritmo de marcha nupcial. Me doy cuenta inmediatamente de que no es ciega y tampoco tiene problemas para caminar. ¿Por qué necesita ayuda entonces?, me pregunto, y ella se aprieta levemente contra mi hombro. Cuando llegamos a la otra vereda me suelta el brazo con delicadeza y se despide diciendo: Muchas gracias, tenía frío.

Delicias de Hawai

Ya conté mi salida del ropero. Muchas veces, como si tuviera condenado a escribirlo y reescribirlo. Hay una versión original, una versión ampliada, una versión que salió publicada en Perfil, y ahora una versión que se publica hoy en el SOY de Página 12.

La gente del suplemento me pidió que recortara la historia original a 3000 caracteres (con espacios incluidos) y que además de contar la anécdota original, agregara la historia de lo que pasó al año de salir del ropero. Pero me pareció falso decir que todo se había solucionado al año, así que tuve que agregar una coda contando lo que pasó 15 años después también. El texto quedó comprimido, distinto a los anteriores, pero espero haber cumplido.

Por lo pronto, mi vieja agradecida. En todas las demás versiones “quedé como una bruja”. “Este final me gustó más”, dijo. A mí también.

Para los que llegan por primera vez al blog, este link es un buen lugar para tener una idea de qué va la cosa.

Para los arqueólogos, acá están todas las versiones del cuento:

1. Versión original
2. Versión ampliada
3. Versión publicada en el diario Perfil
4. Versión publicada hoy en SOY

Sensible

[Domingo 22 de abril de 2007, Pizza Nova, Palermo, 3 am]

Mejor dejo la última porción para después. Miro a través de la ventana: 3 de la mañana, en la esquina de Coronel Díaz y Santa Fé un viejo mira hacia arriba, extiende la palma de su mano hacia adelante, empieza a llover. Yo levanto la botella de coca light vacía y se la señalo al mozo, el mozo asiente, el provolone me da mucha sed. Abro el libro, me recuesto contra el respaldo de la silla, cierro el libro, miro otra vez hacia afuera, hacia arriba, las gotas de lluvia parecen chispas anaranjadas contra el neón.

La coca light está bien fría, qué suerte, abro el libro, me recuesto contra el respaldo de la silla: “My name is Karim Amir, and I am an Englishman born and bred, almost”. Alguien golpea con los nudillos el vidrio de la ventana, es una mujer canosa que me señala, sonríe, y hace el gesto de que salga de la pizzería que me quiere decir algo. Cierro el libro, tomo un trago más de coca light, salgo.

– Disculpame, quería preguntarte que estás leyendo, tiene letra muy chiquita…
– Se llama El buda de los suburbios.
– ¿Y de qué se trata?
– De un chico pakistaní en Londres. Bueno, en realidad recién lo empecé a leer.
– ¿Pakistaní en Londres? ¿Hay muchos pakistaníes en Londres?
– Sí, hay bastantes.
– Y los deben tratar muy mal, ¿no?
– Bueno, son una minoría…
– Sí, aparte ellos los invadieron. ¿Pero por qué la letrita tan chiquita?
– Porque es un libro barato, de bolsillo.
– Ah, de esos que no hay que abrirlos muchos porque se despegan, sí. A mí me gusta el cine pakistaní.
– Hm, yo no vi mucho.
– Sí, es un cine que no está lleno de ¡pum! y ¡ratata! como el cine yanqui. Yo soy de la patagonia.
– Ah, mirá vos.
– Sentate, acercate esa silla.
– No, no gracias, el mozo se va a pensar que me fui sin pagar.
– No desprecies así a esta señora canosa que te tiene que decir algo.- Saca un paquete de cigarrillos de la cartera. – ¿Fumás?
– No, gracias.
– No te molesta que fume, ¿no?
– No me molesta, estamos afuera.
– Sentate, ¿querés compartir una cerveza conmigo? Continue reading Sensible

Génesis

Fue a principios de 1996, creo. En esa época no llevaba ningún tipo de diario personal ni tenía por costumbre escribir. No me acuerdo cuál era la materia, pero si me acuerdo que al final de una clase, mientras la profesora (¿María Feldgen?) borraba el pizarrón, apareció una chica avisando que la secretaría de planificación de la facultad de ingeniería buscaba tres estudiantes para que trabajaran part time. A la semana siguiente entrevisté y conseguí el trabajo. La idea era comenzar con la “informatización” de la monstruosa estructura burocrática de la facultad, pero pronto el trabajo se convirtió en el típico secretariado con pc y manejo de word y excel.
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Raro, otra vez

[23 de Abril de 2005, Palermo, Buenos Aires.

Lo que cuento en este texto ya lo conté antes. Como aquel texto no me gusta, decidí reescribirlo: corregirlo y expandirlo. Acá va el resultado, con la impresión de que dentro de unos meses volveré a reescribirlo. Así seguiré, andá a saber hasta cuándo.]

Raro. Esa era la palabra que mi mamá usaba. “Es un chico raro”. No me lo decía a mí, pero sí a sus amigas, a las vecinas y a los parientes. Y no lo decía con tristeza o resignación, lo decía con orgullo. “Hay que estar muy atento, porque si le decís algo que no le gusta toma carrera y se da la cabeza contra la pared”. “¿Qué peligro, no?”, se compadecía la vecina. “Lo que pasa es que nació sietemesino y tardó como dos minutos en respirar. Le pegaron en la cola 3 enfermeras y nada, tuvo que venir el doctor Ortiz y pegarle bien fuerte en la cola, y ahí recién lloró”. Dicen que la psicología sexual de una persona se configura en los primeros años de vida. En mi caso, el trámite duró tres minutos.
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Confesiones

[18 de diciembre de 2004, Buenos Aires, Argentina]

A veces hay que internarse en el bosque misterioso de la vida con la intrepidez de Hansel y de Gretel, dejar caer migas de pan por el camino y confiar en que los pájaros se las coman y así perderse en la oscuridad de los cuentos de los hermanos Grimm. Y encontrar en esa oscuridad una casa hecha de dulces donde vive una vieja malvada y cocinarla al horno, con papas. O quizás esquivar la casa de dulces y descubrir algún nuevo sendero que nos lleva andá a saber dónde, con la esperanza de perderse y de encontrarse.

No se me ocurre mejor metáfora que la del niño perdido en un bosque oscuro y confiando en las migas de pan como único instrumento de navegación para explicar algo que me pasó hace unos diez días. Leí una carta de lectores de La Nación que me irritó, y, como el email del remitente aparecía publicado, decidí contestarla. A la hora recibí contestación y ya no hubo forma de parar: los emails se sucedieron veloces, llenos de acusaciones, confesiones, argumentos y aspavientos. Y ya metido en el calor de la pulseada descubrí que mi interlocutor era el subsecretario de la Conferencia Episcopal Argentina y el secretario de la Asociación Cristo Sacerdote, el grupo que inició acciones legales contra León Ferrari para levantar la muestra (y lo logró, al menos temporalmente).

Pero ya hacía rato que los pájaros se habían comido las migas de pan arrojadas en el camino y no había más remedio que seguir hacia adelante y a oscuras, y terminar andá a saber dónde.

A continuación presento la carta publicada en La Nación seguida de los emails que nos enviamos de ida y vuelta con Eduardo Pérez dal Lago, en orden cronológico. El texto de los emails aparece tal cual fue escrito, sólo se han hecho pequeñas correcciones para mejorar la legibilidad de lo dicho (eliminando errores ortográficos y gramaticales y aclarando apenas algunos puntos difusos). Eduardo me autorizó a publicar lo que aparece a continuación, a través del siguiente texto:

“No me parece mal que los publiques. Siento un poco de confusión, porque la naturaleza de las cosas privadas no es igual que la de las públicas. Cuando uno escribe algo para que lo lea uno o para que lo lean todos toma recaudos diferentes, pero no me parece mal. No hay nada que sea confidencial.

Por otra parte me da un poco de envidia, porque creo que tu debate era más inteligente que el mío. Aunque yo tengo la razón, claro.”

Clarísimo.
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¡Eureka, cumplí dos años!

Resulta que estoy todavía a medio mudar y sin muebles, resulta que estoy frente a la computadora, que la computadora está montada sobre cajas llenas de libros y que estoy sentado sobre una sillita de jardín de plástico, resulta que de pronto suena en el shuffle del media player ¨Bird on a wire¨ de Leonard Cohen y resulta que yo pongo mis manos en mi nuca y me arrellano en la silla porque como un pájaro en un alambre y como un borracho en un coro de medianoche he tratado a mi manera de ser libre.

Trac y la silla de plástico está manca de una pata, yo caí con la espalda contra uno de los mástiles de la cama y la cabeza contra uno de los barrotes y el pájaro ya no está arriba del alambre y el borracho del coro de medianoche patinó y rodó entre las gradas y cuando me miro la espalda al espejo veo una raya roja de sangre en la remera. Y estoy medio atontado y medio maravillado porque mi sangre es de un bermellón bellísimo (al menos en la servilletita de papel). Y si yo fuera Arquímedes en este momento inventaría la hidrostática y si estuviera en una película de Zemeckis inventaría autos que viajan en el tiempo. Encima del golpe tengo la sangre, así que también da como para escena final de Rocky, la sangre que mana como bálsamo, el triunfo con la cara desfigurada y las neuronas apelmazadas pero triunfo al fin con un uppercut agónico y que Mario Barackus bese la lona y que a vos te levanten sudado y sangrado flotando entre las cabezas de la turba turbia.
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Gyros, shiros, giros

[4 de junio de 2004, 4am, East Village, NYC; encuentros afganos de tercer tipo]

4 de la mañana. Yo cruzo el East Village camino al subte. Acaban de cerrar los bares y en las veredas se amontonan grupitos de jóvenes borrachos. Recostado contra la vitrina de un negocio cerrado hay un pibe que me mira al pasar. 1, 2, 3, 4 segundos de mirarme a los ojos. ¿Está borracho y yo sólo ocupé el punto en el espacio en el que decidió entretener su mirada? ¿O se trató de una mirada deliberada, con intenciones non sanctas? Camino 15 metros más, hasta la esquina, saco el celular del bolsillo y simulo revisar los mensajes, mientras giro lentamente como un radar atontado. El tipo me mira, pero no con la insistencia de la calentura furtiva. Opciones: 1. está con amigos y no tiene libertad para escaparse, 2. es hetero y sólo está flirteando 3. estamos jugando un extraño ajedrez insomne.
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Nadie se muere en la víspera

[22 de Mayo de 2004, Times Square, New York City]

A Percy se le ocurrió que lo espere en la esquina de la 40 y la 8va avenida. “Así no me tengo que desviar demasiado, salgo del Lincoln Tunnel, caigo directo en esa esquina y de ahí para Queens”. Es viernes, son las 10 de la noche y nos espera una larga noche de pachanga y chongos en Atlantis, uno de los boliches gay latinos de Jackson Heights.
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Neblinas

[5 de Abril de 2004, Piscataway, New Jersey; a partir de un comentario que dejé en Orsai, el blog de Hernán Casciari, y que habla de mis recuerdos de la guerra de Malvinas y de mi infancia]

Tenía 11 años, creo. Aquél 2 de abril llegué al colegio y encontré a mis compañeros de grado cantando en remolinos:

“Thatcher, vieja podrida
este verano no podrás ir a Malvinas…
ni a las Georgias, ni a las demás,
son argentinas por derecho nacional…”
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