Category Archives: nocturnos

Año nuevo

En la esquina de Gascón y Córdoba no paran los taxis. Son las 7 AM, el sol ya pega fuerte y somos 4. Alguien sugiere pedir un Uber y maniobra con el celular, los otros dos, brasileros, se acomodan las gafas negras y buscan la sombra en la vereda. No sé de dónde aterriza una mujer en minifalda de jean y top negro. Hola divinos, dice, y cuando me saco el sol de la cara veo que es una travesti. Tiene una botella de Fresita en la mano, con apenas un dedo de líquido rojo. No le entiendo bien lo que dice, pero al final pregunta de dónde son. Continue reading Año nuevo

Cumpleaños 47

Es mi cumpleaños y es el cumpleaños del boliche y por eso cuando llegamos, aunque es temprano, ya está lleno, con el escenario allá atrás flúo, y la gente oscura, como una ola, derramada, hamacada por la música, que nos llega hasta acá, hasta los pies, que nos invita a meternos, a movernos acompasadamente, amasando el sudor pringoso ritual. Vení, vamos metiéndonos, le digo a mi amigo, y bailamos, y miramos y yo enseguida veo al guitarrista de los AC/CD, con gorra y todo, a Doña Florinda (con algo que parece ruleros pero no son), a Axl Rose con una novia muy linda (los saludo, les convido un chicle, son de Arizona), y a una travesti alta, camión, que tiene un tajo enorme en la espalda sobre el que se derrama un chorro de pelo espeso. Cuando giro una vuelta completa y me la encuentro de nuevo de frente el efecto es Linda Blair, el tajo de la espalda parece en realidad un escote, de frente, y por eso parece tener la cabeza girada, el cuello retorcido. Le hago la reseña a mi amigo de cada uno de los personajes que nos rodean, y acuerda con mis avistajes, se ríe. Me encanta este lugar, acá me siento cómodo, me siento en casa, le digo. Él también. Continue reading Cumpleaños 47

La moto de Milton

Es pelado, musculoso y tiene una remera camuflada brillosa pegada al cuerpo. Me pide agua con un gesto. Le doy. Toma y me aprieta el hombro, y me dice gracias pa. Y baila marchando frente a mí, y le escucho decir dale, dale, dale, y bailamos al unísono, me pone una mano en cada hombro. Saco una pastilla y le convido, mira lo que es y hace pulgar arriba y acepta. La mayoría de los que les convido tardan un rato en desenvolver la pastilla, tienen que concentrarse, pasan varios segundos. Este lo hace rapidísimo. Me imagino que es mago, de los que hace truco con naipes. Continue reading La moto de Milton

Antiflama

Son las 7 de la mañana y se prenden las luces del boliche, y la gente deriva hacia el guardarropas, y después a las distintas puertas, bloqueadas por los de seguridad, que con un gesto marcan que se sale por allá. Yo salgo con un grupo de cuatro, con los que estuve bailando en la última hora, con interacciones corta pero efectivas: tenés fuego, gracias por el chicle, me salvaste, qué buena fiesta, siempre vengo, el show está bueno pero es muy largo.
Uno tiene sombrero de cowboy y por abajo le cuelga una cola de caballo canosa, otro es centroamericano pero cuando le pregunté de qué país era me abrazó y no me contestó y no me soltaba, otra es una torta musculosa que cada tanto me dice chabón y me pega una piña en el brazo y otro es uno de traje que parece llegado de un casamiento y está tan duro como un muñeco de torta. El muñeco de torta es el que tiene plata, invita tragos a todos, y por eso tiene la voz mandante y mandona. Continue reading Antiflama

Mi amigo ansioso

La pista está demasiado llena de gente, así que voy al baño a tomar agua, y me quedo bailando frente a la puerta. Pasan tres minas en tacos, altas, culonas. Al lado mío hay un pibe barbudito lindo, que les mira el culo a las tres. Me inclino y le digo al oído. Te veo mirar y ponerle puntaje a cada culo que pasa. Me hace gesto de que no entiende y se señala el oído. Le repito. Balbucea algo en un idioma raro. Russian, dice. Pero se le escapa una sonrisa. No mientas, le digo, que sos del conurbano, qué te hacés el ruso. Me pega una palmada fuerte en el hombro, dice qué capo, pero la palmada me duele. Continue reading Mi amigo ansioso

En el after

Son las 9 de la mañana y estoy en un after. Es una casa vieja, oscura, con un patio con macetas al fondo. Al costado del patio corrés un telón y te metés en lo que sería el living, que está totalmente oscuro. No se ve nada, salvo cuando girás y te parás de frente a la DJ, que toquetea botones en su tablero, como si piloteara un avión, con la cara titilando de lucecitas. Un pibe se acerca con un bamboleante vaso lleno de algo, me agarra del hombro, se inclina para hablarme al oído, pero solo escucho soplidos entrecortados, y que me escupe microscópicas gotitas tibias de cerveza. Continue reading En el after

Doppler

Un viejo duerme enrrollado en una frazada sucia adentro de un cajero automático justo cuando empieza a sonar la sirena de la alarma. Me pongo los auriculares del celular sin música,para bloquear un poco el guaguaguagua taladrador. El sin techo no se sobresalta, no se tapa los oídos, no gira para volver a acomodarse, no se mueve. Una 4×4 estaciona aunque no se puede estacionar, baja un tipo de sobretodo y lentes negros, y se mete a los cajeros. Prueba uno, no tiene dinero, el otro tiene pantalla de error, el tercero está al lado del viejo, lo ve ahí tirado y le da frío y se levanta el cuello del sobretodo, o huele a sucio. Sale del cajero, se frena en la vereda, saca un encendedor, prende un cigarrillo, tiene que volver a bajarse el cuello del sobretodo para meterse el pucho en la boca. Se queda unos segundos fumando, empuja al aire en cubitos nebulosos, desde donde estoy se ven verdes, amarillos y rojos a medida que cambia el semáforo. De pronto la alarma deja de sonar, sola. El tipo gira y mira para adentro, a los cajeros, sorprendido. Se saca el pucho de la boca, lo tira contra el contáiner verde de basura, rebota y cae al piso, todavía prendido, se sube a la 4×4 y arranca. Frena a pocos metros, frente al semáforo en rojo, pero no espera a que cambie y dobla en rojo. La alarma vuelve a sonar. Demasiada metáfora, demasiada noche. Me saco los auriculares y vuelvo a pasar en sentido contrario frente al banco, caminando rápido, efecto doppler.

Siempre para arriba

Lo tengo ahora a mi derecha, en diagonal, a dos metros, me mira, mira el piso, ojos oscuros, barba negrísima, mulato, en cuero, pecho marcado, pantalones blancos. Los haces de luces lo borronean, los cuerpos de los que bailan entre nosotros lo tapan, lo vuelven a mostrar. Lady Gaga canta que no fue amor, no fue amor, fue una perfecta ilusión. Están casi todos en cuero, mezcla de osos con osos musculosos, bailando en círculo, mezclados, péndulos en vaivén transpirados. El mulato se va moviendo, acercándose en espiral, si me oriento con un reloj está ahora a las 2, después a las 5, después a las 10, ya a un metro. Me mira y ahora me sonríe, tiene los dientes blancos. Estiro el brazo y le palmeo el pecho, le sonrío, se mete entre dos, me abraza, me mira a los ojos, me besa. Me abraza más fuerte, me pone la mano en la nuca, me mete la lengua, besa bien. Continue reading Siempre para arriba

Lo más grande del mundo

Suena Eurythimcs, los dulces sueños están hechos de esto, y todos bailan levantando los brazos. A un costado hay uno que baila zarandéandose con onda, mide como 1,90 así que tardo en escanearlo, de arriba a abajo. Es lindo con orejas paradas y carita de chanchito mimoso, barba dibujada con compás, regla y transportador, muy musculoso, con pecho hinchado bajo la remera apretada, brazos inflados, espalda en triángulo, piernas grandotas. Cuando baila va girando lento, sentido de las agujas del reloj, y es entonces que le veo el culo. Es un culo gigante pero proporcionado, pero que necesita para representarse tecnología 4D, que todavía no existe. Cameron va a tener que hacer un nuevo Avatar para que se vea. Y encima es un culo que cambia de color. O yo estaré alucinando. Culo azul, amarillo, verde, rojo, violeta. Es un culo arco iris, gay orgulloso. No, es el haz de luces que rebota en la superficie combada y se refleja, y el tipo tiene pantalones blancos. Tardo en volver de la hipnosis, los especialistas del siglo XIX deberían dejar de boludear con péndulos y relojes colgando de cadenas de una vez. Tanta belleza necesita una oda. Continue reading Lo más grande del mundo

Galletitas de medianoche

Es la mitad exacta de la noche, su bisectriz. Hora de ir a pagar la cuenta, de cerrar la tarjeta de consumo, de no comprar más alcohol. Pero media hora después, besándome con alguien que no conozco, pregunto: si ya cerré la tarjeta, ¿puedo comprar otro trago? Me dice él, otra cerveza, y compra otra cerveza. Bailamos, creo que es Rihanna, trabajamos, bailamos, creo que es Beyoncé, vamos, chicos, hagan fila, bailamos, siempre, el mismo vals carioca. Dos para allá, dos para acá, él se ríe, yo sonrío. Otra cerveza. Me agarra de la mano y me guía contra un rincón, donde dos lesbianas tijeretean con tijera a piquitos, me aprieta fuerte, me muerde, y me quiere meter la mano por atrás en el pantalón, pero tengo el cinturón puesto y la mano no traspasa, no aflojo el cinturón. Después, bailando solo, trato de apretar todavía el pantalón, porque todavía siento que el pantalón se me cae, pero no hay más agujeros en el cinturón. El último agujero es ya geológico, como el aro anticuado de una secuoya, de una última glaciación. El oso que me besa, que me quiso meter la mano en el pantalón me besa otra vez, y beso a otro, y a otro, y a otro, y cuando le pregunto el nombre, después de un largo rato, me pregunta si me voy, le digo que no, solo quiero saber el nombre, me lo dice, pero no le entiendo. Le digo que Christian. Continue reading Galletitas de medianoche