Autoreportaje 1: por qué Puto y aparte

[29 de Noviembre de 2003, 6:53AM, Piscataway, New Jersey]

– ¿Cómo surgió Puto y aparte?

– En agosto de 1998 vine a USA a estudiar un doctorado en ciencias de la computación. Me vine solo, mi familia y amigos quedaron allá; toda gente que quería que los mantenga al tanto de en qué andaba mi vida. Empecé así a mandar emails bastante masivos, metía a 10 o 15 personas en el “To:” y contaba mis andanzas en terreno marciano. Los mails pronto se hicieron más largos y narrativos, quizás porque también saciaban mi sed de castellano…
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Negociando

[1 de Mayo de 2003, 1PM, San Francisco, California; la negociación de mi aumento de sueldo luego de trabajar dos meses en Eagle Research – ver post Don Águila]

Se cumplieron 2 meses desde que Eagle Research me contrató y llegó el momento de reunirme con el presidente y evaluar mi desempeño. Apareció en mi cubículo y me señaló el cuarto de conferencias. Le pedí dos minutos para ir a buscar una gaseosa. “¿Para qué?, vamos a tardar dos minutos…”
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Dos semanas y cuarto

[17 de Diciembre de 2001, 1AM, 22nd St y Valencia St, San Francisco, California]

Vengo de la casa de Herman, mi amante mexicano. Nunca me interesaron los números, pero dejame desparramar esta aritmética: 3. Uno al toque, como para romper el hielo y yo me hundí como el Titanic. Otra vez al ratito, y el tercero “sin sacarla”. Este último un hecho casi inédito en mi prontuario, una inauguración, botella de champagne estallando en mil pedazos o tijerita cortando la cintita, vos elegís.
Narración cruda de los hechos:

Llegué a su casa, Herman en cueros, la habitación en penumbras, su jean con los dos primeros botones desabrochados, cómo si fuera una puerta a medio abrir, una invitación a entrar, sacudite el polvo (uf) en la alfombrita que dice bienvenidos y entrá. La lengua arando un surco de saliva desde el abdomen hasta los pezones, los pezones espesos, su mano que me sostiene la nuca. La cogida polirítmica: desde el balanceo pendular del vals vienés hasta el temblor eléctrico de la tarantela.
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Spiedo

[16 de Diciembre de 2001, 11.25PM, 22nd St y Valencia St, San Francisco, California]

Te cuento que en 9 días viene Santa Claus o Papá Noel o como quieras llamarle y este año hice la listita. Quiero que abajo del arbolito haya un departamento y un trabajo. Como Papá Noel recompensa a los niños buenos, seguro que recibo ambos, con moñito rojo envueltos en papel brilloso. Hasta ahora el turro me ha tenido en suspenso.
Con el nuevo año regresa la dueña de casa (la lesbiana gallega que me alquila el depto) y tengo que volar a otras comarcas. Ya es la segunda volada en no sé cuántos – pero pocos – meses. Sí sé: si cuento los últimos 6 meses viví en 5 lugares distintos (el campus en Rutgers, la casa de mis viejos en Argentina, y ya en San Francisco: la casa de Martín y Andres en Glen Park, un cuchitril por 3 semanas en el Upper Mission, ahora este lugar en 22 y Valencia en The Mission). Y no creo que la lista se cierre acá. Lo que se dice un auténtico gitano. O como diría Fito Paez a rodar a rodar mi vida, aunque mis giros son sobre mi propio eje y la sensación es la de dorarme lentamente al spiedo.
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Agua sucia

[23 de Noviembre de 2003, Piscataway, NJ]

Es como aterrizar en Marte, abrir tu guía Frommer “Cómo pasarla bomba en Marte con $2 por día”, ajustarte los broches de tu traje espacial, enderezar el casco, abrir la portezuela, pegar el saltito ingrávido y avanzar a tientas entre las rocas rojizas. Así me siento. Desde septiembre he vivido en un estado de embriaguez lunática, ausente sin aviso de mi vida, media falta más y quedo libre.

Mi director de tesis (no sé como se traduce “advisor” y “consejero” me recuerda al viejo de ojos blancos de Kung Fu) me pidió que curse dos materias y ya se sabe, lo que tu advisor sugiere es una orden divina que no podés contradecir sopena de terminar estatua de sal con tu diploma salado en la mano. Entré así en estado REM: 5 horas de sueño diarias, reuniones semanales con el grupo de investigación, el mal humor de mi advisor porque arrancar se arranca despacio y el quiere velocidad.
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Burbujas

[26 de Agosto de 2002, Piscataway, New Jersey, deja vús varios]

Esteban. Así se llama el portoriqueño que conocí en el chat hace dos meses. Yo estaba en Buenos Aires, aunque ya preparaba mi regreso a New Jersey: lo conocí en el salón gay de New Jersey zona central. Muy simpático en el chat, me siguió mandando email todo este tiempo.

El domingo amaneció primaveral. Ya hacía diez días que había vuelto a Rutgers y se me habían acabado las excusas para no encontrarme. Lo llamé y arreglamos vernos en Café 52. Nos reconocimos inmediatamente, pero en vez de compartir cafeína propuso ir a comer algo. Automac en su auto y luego sentarnos en un banco en el parque.
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Pirata

[7 de Noviembre de 2003, Piscataway, New Jersey; comprando muebles en Ikea]

Los libros apilados en el piso: Borges encima de Nick Hornby encima de Raymond Carver encima de Gore Vidal encima de Roberto Arlt encima de Marguerite Yourcenar. Otra pila con fotocopias de papers de computación gráfica: cómo simular la iluminación del terciopelo, de la nieve o de la cáscara de una naranja encima de los papers que explican cómo generar diagramas de ensamblado de muebles en forma automática. Otra pila con CDs: Honestidad Brutal de Calamaro encima de Olga Guillot y el Son se fue de Cuba encima de Piazzolla Libertango. Y encima de los CDS el despertador. Cables que cruzan las montañas de libros: el cargador del celular, el coaxial de la televisión, el del cargador de la afeitadora, el del DVD. Medias enrolladas acá y allá (las levanto y las huelo para detectar si las usé o no). Sobre el escritorio: monedas, un resaltador verde, hilo dental, una compoterita vacía con rastros de arroz con leche de hace 4 días, líquido para limpiar las lentes de contacto, la boleta del celular, una lata de diet coke a medio terminar, crema humectante para manos, toallitas húmedas para bebé (cómo extraño el bidet), un paraguas, las anteojeras que uso cuando voy a nadar, un CD grabado con dos episodios de Sex and the City. Tirados por el piso: el Tivo abierto, la carcaza contra la pared al costado, dos discos rígidos (que saqué del Tivo cuando estiró la pata), un sobre con DVDs porno, un candado, la cámara digital, la abroachadora, una pote de crema para los hongos, una hoja con dibujitos tachados, un paquete de pastillas de menta a medio terminar, el gigantesco canasto de ropa que tengo que lavar.
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