Quién me lee

Che, me da curiosidad, y lo tengo que admitir. Últimamente recibo bastantes emails de gente que ni me había enterado que leía el blog, porque no tienen otros blogs y nunca comentan. Entonces les pido, si es posible, y para tener una idea de quién me lee, que dejen un comment con algunos datos. Por supuesto que no pido una biografía y den los datos que quieran (todos los items son opcionales). Es la treintayúnica vez que en Puto y aparte los protagonistas son los lectores y hasta quizás borre este post luego de que reúna los datos (no se enojen), pero sería bueno que aporten. Algunos datos que pueden suministrar:

1. Nombre o pseudónimo
2. Edad (permitido restarse hasta quince)
3. Sexo + sexualidad (si no te da gueguenza)
4. Qué hacés de tu vida (laburo)
5. Dónde vivís: ciudad y país
6. Cómo llegaste a este blog
7. Tenés tu propio blog?
8. Tres (o más) libros favoritos
9. Tres (o más) pelis favoritas
10. Tres (o más, o menos) CDs, canciones o bandas favoritas
11. Tres (o más) blogs favoritos

Y acá los ítems que podría decir que son “para mejorar la navegación de blog”, pero en realidad son pura vanidad:

12. (ex 11b) Tres (o menos) posts favoritos de acá (este es el ítem vanidoso, lo escondí acá en el fondo de la lista, viste?) No hace falta el nombre del post, alcanza con una descripción del tipo: “Ese en el que perdés el avión”, “Ese en el que el tipo del chat te dejó pagando” o “Ese de la profesora de Tai Chi”.
13. Cómo leés el blog? (Lo tenés en tus bookmarks? Caés a la página cada tanto? Tenés un feeds reader?)
14. Qué te gusta y que detestás del blog? O, que mejorarías? Qué sugerencias tenés? (“Hacéte heterosexual” no vale)

No voy a regalar cuentas de gmail ni cupones de descuento para telos, pero si sos un buen boy scout lo podés sumar como buena acción del día y reencarnar en cacatúa en vez de cucaracha en la próxima vida.

Hoy tiré viejas hojas

Este blog comenzó hace dos años en blogger y sufrió una mudanza traumática, varias fallas técnicas y mis caprichos e inconstancia. En su última resurrección sólo tuve ganas y paciencia para recuperar de las ruinas unos 20 posts viejos y no mucho más. Aparte, pensaba reescribir los textos viejos, sacarlos de su estado protozoario, quitarles los flecos, afilarlos. Pero pasaron las semanas y los archivos seguían congelados en un disco perdido de mi disco rígido y hubieran seguido allí si Jonathan no me hubiera mandado un email ayer preguntando que había pasado con los posts viejos y dónde estaban algunas cosas que él recordaba haber leído.

Decidí entonces sacar los posts del freezer y colgarlos de nuevo del blog. Movable Type se negó a importar el HTML que había generado el mismo y por eso tuve que subir uno a uno los textos, ingresando títulos y fechas a mano, arreglando comillas y otros caracteres anómalos. Así me ví obligado a releer algunos párrafos a las ponchazos – nunca releo textos de archivo del blog – y decidí que los posts deberían quedarse como están. Por razones netamente egoístas, eso sí: si los arreglara ganarían quizás en linealidad, en fluidez y serían más inteligibles para el que lee, pero así como están son un mapa más perfecto y más áspero de mi vida.

Y me encontré de nuevo, y tan de repente, con el placer esencial que de verdad me produce este blog: esa experiencia tan Lobsang Rampa, ese salirse del cuerpo y mirarse desde arriba y desde afuera, esa visión cenital de lo chiquito y boludo que soy, y de lo perdido que estuve y estoy y estaré.

¡Eureka, cumplí dos años!

Resulta que estoy todavía a medio mudar y sin muebles, resulta que estoy frente a la computadora, que la computadora está montada sobre cajas llenas de libros y que estoy sentado sobre una sillita de jardín de plástico, resulta que de pronto suena en el shuffle del media player ¨Bird on a wire¨ de Leonard Cohen y resulta que yo pongo mis manos en mi nuca y me arrellano en la silla porque como un pájaro en un alambre y como un borracho en un coro de medianoche he tratado a mi manera de ser libre.

Trac y la silla de plástico está manca de una pata, yo caí con la espalda contra uno de los mástiles de la cama y la cabeza contra uno de los barrotes y el pájaro ya no está arriba del alambre y el borracho del coro de medianoche patinó y rodó entre las gradas y cuando me miro la espalda al espejo veo una raya roja de sangre en la remera. Y estoy medio atontado y medio maravillado porque mi sangre es de un bermellón bellísimo (al menos en la servilletita de papel). Y si yo fuera Arquímedes en este momento inventaría la hidrostática y si estuviera en una película de Zemeckis inventaría autos que viajan en el tiempo. Encima del golpe tengo la sangre, así que también da como para escena final de Rocky, la sangre que mana como bálsamo, el triunfo con la cara desfigurada y las neuronas apelmazadas pero triunfo al fin con un uppercut agónico y que Mario Barackus bese la lona y que a vos te levanten sudado y sangrado flotando entre las cabezas de la turba turbia.
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Ausente con aviso

Doy la quincuagésima vuelta, irritado porque el lugar es un desastre. Uno de los tipos acodados en la barra sonríe. Está borracho, pienso yo, y continúo mi periplo, aferrado a mi botellita de Pronto Shake. Cuando me freno y giro para apoyarme contra una columna, veo que el borrachín de la barra está a dos metros, con la sonrisita todavía colgada de la cara.

– Hola – me dice, antes de que pueda reaccionar.
– Hola – respondo, sin demasiado interés.
– ¿Nos damos unos besos?
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Estrellas

– Últimamente me piden muchos combinados…

Marcelo no vende conitos en el McDonalds ni cose conjuntitos para una boutique.

– La otra vez me llamaron para que vaya a la fiesta de un tipo que tiene mucha guita, bastante conocido el chabón. Había como 5 tachos más, bastante gente, y merca a morir…

Se interrumpe, sonríe y sopla el humo del cigarrillo hacia un costado. Después se inclina sobre la mesa y murmura:

– Hay cada loquito… Estaba este pibe, como de unos 25 años, lindo, físico de gym. Yo enseguida me dí cuenta que le gustaba la biaba, no me preguntes por qué. Se aburrió pronto del chás-chás en la cola. Probé con el cinto, pero yo tenía uno de esos cintos de vestir New Man que no le hacía nada. El pibe estaba a mil. De pronto desapareció dos minutos y volvió con una zapatilla, de esas de suela gruesa…
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