La otra endogamia (2)

Una regla útil: no escribir si no sabés que querés decir. Violé esa regla en el artículo “La otra endogamia”, que publiqué días atrás. En realidad sólo escribí una frase al final de una cita de Norman Mailer, y con eso alcanzó y sobró para que no se entendiera nada de nada.

Confieso que en ese momento pensé que sí sabía lo que quería decir. Ahora me doy cuenta que no; que más que una idea, lo que me perseguía era un malestar, una picazón. Trataré de explicar de qué hablo.
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El llamado de la selva

[10 de Octubre de 2004, Buenos Aires. Este texto fue escrito originalmente en inglés; lo que sigue es una traducción al castellano.]

Años de traducir canciones de The Smiths, seis años viviendo en USA y por fin puedo sacarle jugo a mi inglés como corresponde.

Voz en mi celular: Mi nombre es James. Vi una página en la internet que me interesó… le mandé email a Tiago y él me dijo que te llamara porque él no habla inglés.
Yo: Bien, él está conmigo acá, le puedo traducir cualquier pregunta que tengas para él.
James: Bueno, somos dos, yo y mi amigo Rob.Nos vamos a quedar en el hotel Hilton en Buenos Aires, el servicio sería por una hora… ¿cuál es la tarifa?
Yo (después de consultar a Tiago): Son 100 dólares.
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La otra endogamia

Cito a Norman Mailer (The spooky art: Notes on Writing, Random House, 2004). La traducción es mía.

“Uno de los refranes más crueles del lenguaje: aquellos que pueden, hacen; aquellos que no pueden, enseñan. El paralelo tiene que ser: aquellos que experimentan, aprender a vivir; los que no, escriben.

El segundo dicho es tan cierto como el primero — lo que quiere decir que tiene algo de verdad. Por supuesto que muchos jóvenes se arriesgan para recoger material para sus relatos, pero ningún atleta importante, gerente, político, ingeniero, sindicalista, cirujano, burócrata, mafioso, cafisho, reincidente, físico, rabino, estrella de cine, clérigo, cura o monja ha surgido como un novelista de primera línea desde la Segunda Guerra Mundial.

[…] Y así la literatura sufre de un vacío endémico: estamos demasiado familiarizados con la sensibilidad de los sensibles y relativamente ignorantes de la ingenuidad de los fuertes y los estúpidos, un paso — quizás fatal — más acá de una eficaz e íntima percepción de los procesos internos de los establecimientos corporativos, financieros, gubernamentales, mafiosos y sindicales. El periodismo de investigación nos ha llevado al vientre de esas máquinas, pero no realmente, no lo suficiente. […] Además el mejor periodismo de investigación tiende a descansar sobre una base ideológica demasiado angosta — el mundo racional, irónico, factual de los medios liberales. Y por eso tenemos una situación, que llamaré enfermedad cultural, de un nivel básico: una falta de información suficiente (es decir, de buena información literaria) para poner en esos centros de la mente necesarios para el discernimiento. No importa cuánto leamos, tendemos a saber muy poco acerca de cómo funciona el mundo. Los hombres que hacen el trabajo real no nos ofrecen su literatura y los escritores que exploran sus mentes lo hacen desde un lugar intelectual que distorsiona sus visiones.”

Está hablando de la literatura en general y de la novela en particular. Para mí también habla del mundo de los weblogs.

Actuar para vivir

[18 de Septiembre de 2004, experimentando fuera de Puto y aparte]

Hace unas semanas decidi experimentar con textos alejados del formato de este weblog. Ese vagabundeo me llevo hacia el lado de la ficcion y el travestismo: decidi escribir la historia de una mujer de 30 anios y armar un weblog con ese material.

Me sente a escribir y de un tiron salio esto que aparece mas abajo. Arme el weblog en blogger (actuarparavivir.blogspot.com), parti el texto en tres y lo publique. Decidi no publicitar el weblog, no explicar que el weblog era ficcion y yo era su autor y ver que pasaba… pero lo cierto es que lo que escribi tiene tanto envion que me resulto imposible bajar un cambio y continuar la historia.

Esta chica parece a punto de convertirse en asesina serial o en la Linda Blair de El Exorcista. Pero igual me sigue cayendo simpatica.

Y por eso publico aca el primer capitulo de su biografia. Y quizas, quien te dice, me vuelve la inspiracion y saco este weblog de la incubadora.
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Cinema verité

[25 de setiembre de 2004, 6pm, Buenos Aires, haciendo compras en el Coto]

– ¿Sabés que van a hacer la historia de mi vida en televisión?

Estamos frente a la góndola de galletitas y Tiago no se decide entre las vainillas y las bay biscuits.

– “Disputas” ya se hizo, y no le fue muy bien… no sé si la pantalla chica está lista para otra historia de prostitución… – sugiero, incrédulo.

– En serio te digo. Pablo Echarri va a hacer de mí.
– ¿Por? ¿No consiguieron a Osvaldo Laport? Vos tenés una onda más Catriel, un Catriel wichi…
– No te hagas el pelotudo.
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Orgullo

Hace unos años, una mujer sentada al otro lado de la mesa me dijo: Nosotros no te criamos para eso. Eso es una enfermedad, y te tenés que curar. Te vamos a llevar al psiquiatra, vamos a hacer lo que sea necesario. ¿Por qué nos hacés esto? La gente como vos termina mal. Vos no sos mi hijo, no te reconozco.

Esa misma mujer me llamó ayer por teléfono y me dijo: Nos vamos a Bariloche con tu papá. Y me da muchísima bronca porque el 20 no voy a poder estar. Yo quería ir a la Marcha del Orgullo.

Mientras, los chicos que se pasan el año debatiendo Ben Simon versus Vans, concluyen por única vez en el año: Yo no tengo nada que ver con los travestis. Es una comparsa, un carnaval. No sirve para nada. Te terminan odiando más por ridículo. No hay nada que festejar, no hay nada que protestar. ¿Orgullo? ¿Orgulloso de qué?

Orgulloso de qué.

Podés dejarte el sombrero puesto

Salimos de La Madeleine y son las 3 de la mañana. El avión de Robert sale a las 6 am y ya no tiene sentido dormir: hay que hacer tiempo hasta que se hagan las 4. Es lunes y por lo tanto no hay muchas opciones. Punto G, sugiero yo, suele haber un show de travestis y strippers, y de última tomamos algo. A todos les parece una buena idea.

Cuando llegamos al lugar nos encontramos con pésimas noticias. No hay show; no hubo show: no hubo suficiente gente. El bar está casi desierto, apenas un barman, la dueña y la Sanders. La Sanders es un transformista que ya vimos un par de veces: canta canciones sufridas e intensas, vestida con ajustadísimos trajes emplumados (ella los diseña, se los cose la madre).
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