Pago fácil

No creo en los fallidos freudianos, pero que los hay, los hay.

Hace 2 meses que no cojo y se ve que allá abajo, o allá adentro, las placas tectónicas de mi líbido chocan entre nubes sulfurosas.

Hoy fui a la librería y compré dos libros. En la caja me esperaba un morocho de labios carnosos.

– ¿Cómo vas a pagar? – preguntó.
– En afectivo – respondí.

El infierno sin aire acondicionado

[Buenos Aires, 11 de enero de 2005, 1pm, los taxistas de Buenos Aires tienen ese no se qué]

Update 14-01-2005: Nueva versión, que corrige algunas inexactitudes señaladas por uno de los protagonistas de la historia, Martín.

Mis amigos neoyorkinos, Martín y Andrés, llegaron el lunes a Buenos Aires. Se quedan sólo un par de días, los necesarios para terminar algunos trámites. Tenían pensado terminar todo el lunes y por eso arreglamos para que pase a buscarlos por el hotel el martes. Pero no llegaron a terminar todo y por eso, cuando llego, me piden que los acompañe a la AFIP. Se disculpan interminablemente y me prometen que en una hora vamos a estar almorzando y caminando por Palermo, a salvo de la opresión kafkiana de la burocracia local.

Salimos del hotel y nos metemos en un taxi, yo en el asiento de adelante, ellos atrás.

– A Cabildo y Céspedes – le indico al taxista.
– Listo – pone en marcha el reloj – ¿qué calor, no?
– Ayer fue un infierno de trámites – señala Martín, que parece necesitar compartir sus combates con la burocracia argentina con todo el mundo -, hoy a la mañana fue otro infierno y ahora seguimos con más papeles infernales…
– Yo igual soy ateo – interrumpe el taxista.
– Yo también soy ateo – se defiende Martín – . El infierno no existe en el más allá , el infierno es la DGI.
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