Aquellos buenos viejos tiempos

… en los que el chat me divertìa, me purgaba, me permitìa descargar un vòmito dadaìsta. Insòlitamente alguien me pasò un log del canal de chat gayargentina del 2002 (en ese momento yo vivía en New Jersey). Mi nick es CCCCC.

Thu Sep 19 2002

[00:24] CCCCC: hola che

[00:24] Andy: quiero pijaaaa

[00:24] Musculos_: aca macho buen lomo busco igual

[00:24] CCCCC: despiertan de la pavada

[00:24] CCCCC: al mundo real

[00:24] Demerzel: christina de mi corazon?

[00:24] Matias19: pero miren que trajo la iuvia?

[00:24] CCCCC: vade retro pijas culos biceps Continue reading Aquellos buenos viejos tiempos

Maravilla

[Domingo 12 de agosto, 23 horas, Palermo]

Cuando me siento a escribir frente a la pc, estas son las cosas que me acompañan: la música (Leonard Cohen, por lo general), un vaso de gasesosa (Sprite), una porción de postre (serenitos, tiramisú, helado Macadamia Brittle de Hagen Dasz), y la mujer maravilla.

La mujer maravilla es un juguete que me trajo un amigo de Estados Unidos hace unos meses. El sabe que soy fanático (tengo un imán, una agenda, varias postales). En la parte de abajo se lee “MFG FOR BURGER KING CORPORATION” así que supongo que el juguete se repartía dentro de alguna cajita feliz. Se trata de una mujer maravilla fija en un costado y en el otro una especie de fantasma de plástico transparente. La mujer maravilla acaba de atrapar al fantasma gelatinoso con su lazo dorado. El contraste es explícito: la mujer maravilla tiene los ojos alertas, la boca apretada en un besito sexy, el bombachón estrellado apretado, las piernas flaquísimas y largas y juntas. El fantasma, en cambio, no tiene rasgos ni ropa, parece un ectoplasma que no termina de coagular: las piernas están formadas, pero los brazos y la cabeza todavía no, están atrofiados, incompletos. Sobre el plástico celeste hay un botón amarillo y si lo aprieto se activa un resorte, se escucha un chasquido y la mujer maravilla atrae al fantasma hasta tenerlo a pocos milímetros, enroscado en su lazo de la verdad, y lo mira fijamente a los ojos transparentes, lista para hacerle decir toda la verdad.

Cuando me siento a escribir y me trabo, agarro el juguete, estiro la distancia entre la mujer y el fantasma y aprieto el botón, con la esperanza de que esta vez el fantasma avance hacia mí, termine de coagular y diga toda la verdad.

Ciegos, segunda parte

[segunda parte de la historia que comenzó acá]

– Hay algo que no me explicaste. ¿Para qué decís que sos ciego en el mensaje de presentación?
– Y, para que ya sepan de entrada.
– Pero podrías esperar a charlar y ver qué onda, en vez de presentarse de esa manera, ¿no?
– No, prefiero decirlo de una. Tuve varias malas experiencias…
– ¿Como qué? ¿Encontrarte y que te digan “sos ciego, no sos mi tipo”?
– No, siempre lo digo antes. Pero me pasó varias veces hablar horas y después quedar en encontrarme y que me digan que está todo bien y cuando me encuentro me dicen “disculpame, no me va”.
– Pero eso pasa siempre, creo, una cosa es estar cómodo charlando en un teléfono y otra es estar cómodo en persona. Aparte está el tema de que sos ciego. Yo que sé, a mí me ponen muy incómodo los pibes Down. No sé qué hacer cuando estoy con un pibe Down, me ponen nervioso, es como que no sé qué carajos se supone que tenés que hacer.
– Sí, eso lo entiendo. A mí también me pasa. Mirá, te voy a contar una anécdota. Hay un día de diciembre, no me acuerdo qué día, creo que el 3 de diciembre, que se celebra el día del discapacitado. Bueno, yo vivía en zona sur en ese momento y me tomé el tren y me bajé en Constitución. Estuve como 15 minutos esperando que alguien me ayude a cruzar la calle y nadie me daba bola…
– ¿Pero vos no pedís?
– Sí, pero en Constituación se hacen todos los boludos, como que están apurados. Te sigo contando. Al final un tipo me agarra para cruzarme. Le agarro el brazo y estaba super bajo. Le digo: ¿qué sos, enano? Y me dice: No flaco, estoy en silla de ruedas. Continue reading Ciegos, segunda parte