Cuba libre, un viaje, 6

Primera jornada en Cayo Coco

– Mi vocación siempre han sido las llaves – dijo el chofer.

Me acomodo en el asiento, recostándome, giro la cabeza y miro por la ventanilla, acaricio el cuero del asiento, tibio con mi propio calor. Las pocas luces a lo lejos, en la oscuridad, superpuestas en el reflejo del chofer inclinado sobre el tablero del auto. Me adormezco enfocando las luces a lo lejos y luego desenfocando hasta que el chofer entra en foco, inclinado con la cara iluminada desde abajo, como si se calentara en el fuego de una hornalla. Continue reading Cuba libre, un viaje, 6

Espontáneo

Me acomodo frente al monitor de la pc y enciendo la webcam. Giro un poco la cabeza, miro a un costado y pongo cara de no me importa nada. Me sale, en cambio, cara de boludo, al que quizás no le importe nada. Agarro los ensayos de Montaigne para levantar un poco más la cámara, así, de arriba, salgo menos gordo y como asomándome. Ese es el efecto que me conviene, como si me impulsara desde el fondo de una pileta hasta la superficie y abriera los ojos una vez que siento el aire en la cara. Demasiada pose, y las fotos sacadas de arriba, cuando las subís a un sitio gay de levante suenan a que pedís pija, arrodillado. Es así: si la cámara te mira desde arriba mendigás pija, si la cámara te mira desde abajo, ofrecés con desdén: y bueno, dale. Continue reading Espontáneo