Totalmente desnudo, parte 5

Quiero mirar para atrás pero con los ojos bien abiertos, como si fuera nuevo, sacarle el plástico, encastrar todas las piezas otra vez. Todas las casas que yo conocí de chico eran iguales. Un living que nunca se usaba, a veces alfombrado, con un sillón que nadie usaba, con repisas y mesitas ratonas llenos de adornitos comprados en las vacaciones, que se iban reponiendo pegando con poxirán y al final se descartaban: la virgencita que cambia el color con el tiempo, un abanico, una cosita de cerámica, un gauchito, algo hecho con caracoles, porque los veraneos eran en la costa o en Córdoba. Todos los cuartos estaban conectados por un pasillo: allá la cocina, a veces conectada por una puerta plegable al living, al fondo el baño, acá las habitaciones. Todas las casas que conocí de chico tenían esa misma disposición. Nunca, cuando estaba de visita, tenía que preguntar dónde estaba el baño, siempre estaba al fondo del pasillo. Además, los chicos no éramos invitados a las casas, jugábamos en la calle. O mejor dicho, cuando yo era bien chico, jugábamos en el campito. Continue reading Totalmente desnudo, parte 5

Despierto

Trepamos la colina en cuatro patas, yo mirando las zapatillas de lona de Mabel, sucias, mordidas en el costado por el asfalto y Doug más arriba, clavando los dedos de las manos en la tierra, aunque no era necesario, impulsándose en las pantorrillas que se le hinchaban como bombitas de luz. En la cima miramos y vimos la cinta de la ruta, el enchastre de los árboles en el horizonte, las nubes y su brushing. Nos sentamos = apoyamos el culo tibio en el pasto fresco, mientras el sol bajaba como un monito por una liana y Doug quiso dormir la siesta. Se plegó en falsa escuadra, se metió en el regazo de Mabel y ronroneaba. Continue reading Despierto

Uno

Puse el kilo de helado y las dos botellas, una de vino y otra de Pepsi, sobre la mesada y me puse a buscar una bolsa para cargar todo. Busqué en el ropero y sólo encontraba bolsas de cartón, esas de negocios de ropa. Estuve revolviendo como 15 minutos, buscando una de plástico, hasta que me resigné. Remera negra, bermudas y sandalias y salir corriendo a tomar el colectivo. Continue reading Uno