Polaroid brazuca

Decido alejarme de Camboriú que rebalsa de argentinos. Bajo el sol tremendo tomó un colectivo, atravieso el morro y camino hasta la playa. Antes de bajar a la arena me siento en un barzucho frente a la playa y me pido una caipi. Me cuelgo del WiFi para buscar info. Praia Brava. Menos gente. Más “exclusivo”. Sushi. Parrillas caras. Se ven proyectos de torres en construcción. Y muchas banderas rojas de prohibido bañarse.

Por la costanera frente a mí circulan lento autos caros. Y gente cheta paseando perritos. Porque la celebración y convivencia democrática con la mascota es también atributo de clase. La mascota accesorio.
Pasa así un musculoso de dos metros con un caniche hiper producido. Mascota contraste irónico. Otro musculoso en una 4×4 con un ovejero asomado por la ventanilla de atrás falopeado de viento salado. Mascota espejada despreocupada. Una mina entangada con dos salchichas lustrosos. Mascota fálica doble.

De pronto la calle se despeja y queda la cinta de asfalto plateada y las veredas vacías. Y desde allá aparece una parejita de la mano. Ella con pareo que le ajusta en la cintura, esbelta de tetas generosas. Lentes espejados. Gélida. Inalcanzable. Si él no la tiene de la mano podría volársele, novia parapente. Él en cuero y sunga azúl eléctrico. También anteojos espejados. No hablan ni sonríen. Solo caminan erguidos, totémicos. Se exhiben pero no hay nadie que los vea.

Pasan. Cruzan la calle. Vuelven en sentido contrario. Cruzan la calle. Vuelven a pasar. La famosa vuelta del perro. Pero ahora él tiene un bulto pronunciado en el pantalón. Hacia el costado, semierecto. Estoy a varios metros pero la tela transparenta ya detalles del miembro.
¿Cuál es la causa de la erección? Ni hablan, no se miran. Él apenas interrumpe su caminar robótico para estirar apenas el elástico de la pierna y embolsar el miembro, que tiembla apenas, semi-elástico y encuentra otra ve su posición hacia el costado, grande, duro, grueso.
Vuelven a cruzar y a venir. Y ahora la erección creció y es absolutamente notoria, contundente. Es ahí cuando él infla apenas el pecho y sin decir nada entran a un bar con mesas que dan hacia la playa, lleno, llenísimo de gente.