Groucho

Vuelvo del chino cargado con bolsas, y entro al edificio atrás de una señora que se apura a cerrar la puerta antes de que yo entre. Dejo las bolsas en el piso, busco la llave y entro y ella está esperando el ascensor. Disculpame pero no te conozco, se disculpa. No se preocupe, le digo. Subimos y la mujer sigue incómoda y me pregunta rápido si vivo acá. Sí, hace diez años. Yo treinta, retruca ella. Me ganó, le digo, a qué piso va, le consulto. Me dice y me pregunta el mío, yo bajo primero, así que aprieta el botón de mi piso. Subimos en silencio. Cuando se frena el ascensor vuelve a disculparse. No se preocupe, le digo, como dijo Groucho Marx, a mí tampoco me gusta vivir en un edificio donde vive gente como yo.