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Fumigador

Recién vino el fumigador. Suele venir muy temprano a tocar timbre y casi nunca lo atiendo. Hoy sí. Era alto y lindo (los ojos, porque tenía puesta la máscara). Le saqué conversación. Bah, él sacó conversación primero. Me vio comiendo pizza fría y me dijo qué rica la pizza fría, con mate. Yo le dije si quería una porción y me dijo no puedo, levantando las manos para mostrarme sus guantes y señalando su máscara. Me dijo cuántos libros que tenés che. Le dije que escribía y daba talleres literarios. Algún libro sobre fumigadores, preguntó. Le dije que William Burroughs, un famoso escritor, trabajó como fumigador. Ah, y de ese escritor qué libro puedo leer, dijo, mientras sopleteaba la rejilla del baño. El más famoso es Almuerzo desnudo, pero es un delirio, casi imposible de leer. Pero podés ver la película que se llama igual, y ahí hay un fumigador. Ah, ¿me anotás el título, así la veo?, dijo, mientras sopleteaba los bordes del zócalo en la cocina. Es fácil de acordarse, le dije, almuerzo (y levanté el cacho de pizza fría) y desnudo (y señalé mis shorts y mis ojotas). Ah, bien. Me sacás el papel este de acá del bolsillo, dijo, señalando el bolsillo del pecho. Me acerqué, atrás de la máscara los ojos se le combaban. Saqué el papelito plegado. Firmá en el casillero de tu piso y departamento. ¿Cómo era? ¿Alimento desnudo? No, almuerzo, almuerzo desnudo. Mejor anotámelo ahí en el papel, en la parte de atrás. Dale, y te anoto el autor, Burroughs. Era falopero, gay y fiestero. Ah bien, dijo. La voy a ver y la próxima vez que venga te cuento qué me pareció. Dale.

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