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Brownies

Entre los manteros que venden chucherías y las parrilas improvisadas que humean paties y bondiolas, circulan rastafaris ofreciendo brownies mágicos. Con mi amigo avanzamos zigzagueando haciael escenario hasta quedar trabados sin poder ya avanzar más. Enfrente mío hay un grupito de cuatro chicas y dos chicas. Uno de los pibes tiene rastas, barbita desprolija, y cuando levanta la cara contra el sol los ojos celestes, nítidos. Vamos para allá, dice la hembra alfa del grupo, y arranca hacia un costado. Se agacha y agarra del piso una caja de cartón, llena de brownies. Qué rico, digo, señalando los brownies pero pensando en el pibe. ¿Son mágicos?, pregunto. Sí, son mágicos, dice ella, pero no de la magia que vos querés. Una de las otras pibas me mira y se encoge de hombros como diciendo ojo que esta es brava. Ah, ¿qué tienen?, pregunto yo. Están hechos con muuuucho amor, dice ella. Esa es la única magia que funciona, ¿no?, digo yo, mirando al pibe.

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