La moto de Milton

Es pelado, musculoso y tiene una remera camuflada brillosa pegada al cuerpo. Me pide agua con un gesto. Le doy. Toma y me aprieta el hombro, y me dice gracias pa. Y baila marchando frente a mí, y le escucho decir dale, dale, dale, y bailamos al unísono, me pone una mano en cada hombro. Saco una pastilla y le convido, mira lo que es y hace pulgar arriba y acepta. La mayoría de los que les convido tardan un rato en desenvolver la pastilla, tienen que concentrarse, pasan varios segundos. Este lo hace rapidísimo. Me imagino que es mago, de los que hace truco con naipes.

Bailamos con la gente que está alrededor, en figuras que se arman y desarman, un círculo de 3 que se hace óvalo de 5, que se parte en dos triángulos de 3. Él va pasando y rebotando entre los grupos. Es simpático, no está de levante, le encanta bailar. Me imagino el boliche visto desde arriba y el círculo de la pista como una gran torta de cumpleaños, y este pibe es un encendedor que va yendo entre las velas apagadas y prendiéndolas. Insólitamente no tiene tan buena respuesta. Lo veo bailar varias minutos con dos chicas, las dos de pelo corto, medio feas, y ellas se van poniendo serias y mirando el piso a medida que él baila con ellas, aunque solo marcha frente a ellas y no las toca. Tengo ganas de mandarles el mensaje telepático a las dos: no te va hacer nada, solo está bailando, sonreíle, es buena onda. Pero no hay caso.

Al rato me viene a pedir otro caramelo y se lo doy. Otra vez lo pela rapidísimo, y eso que a propósito se lo di bien cerrado. Se sacó la remera, y tiene el cuerpo trabajado y los abdominales raviolitos. Me pone la mano en la espalda, yo también, y tiene la espalda rasposa, se afeita la espalda. Pensé que era moreno lampiño. Me dice no soy de acá yo, aunque no le pregunté. ¿De dónde sos? De Rosario, me mudé hace poco. Tengo que concentrarme mucho para entenderle, o pedirle que me repita en la otra oreja, porque habla muy chongo cerrado. ¿La estás pasando bien?, le pregunto, aunque la respuesta es obvia. Me hace pulgar arriba, sonríe y me dice excelente.

Le pregunto si le gustan las chicas o los chicos. Aunque también es obvio. No me entiende la pregunta. Ah, cae, a la tercera bien, las chicas, las chicas. ¿A vos?, me pregunta. Los chicos, le digo. Ah, igual yo todo bien. Y seguimos bailando. Se suma otro pibe y una chica y bailamos los cuatro. Estás a full, sin la remera, bien ahí, le digo. Sí, y eso que ahora en un rato laburo, me dice. ¿De qué laburás?, le pregunto. Limpieza, me dice. Uh, me lo imagino saliendo del boliche y baldeando la vereda de un edificio, en cuero.

No está con nadie, y vuelve a circular entre todos. Es gracioso porque va pasando de grupito en grupito y no elige con quién baila, baila con todos. Y en general con minas feas y sin onda. Ja. La maldición heterosexual. Este pibe si es gay, en una fiesta gay, se transa 15 pibes por minuto. Acá las minas, aunque son feas, están vestidas reas, y medio encorvadas emo, se le hacen las divas. Cuando vuelve le digo che, bailás con minas feas y se te hacen las divas. ¿Cuál?, dice. Ni registró. Esas dos de allá. Ah sí, todo bien, papá, y salta más fuerte. Decime tu nombre que no lo sé todavía, me dice. Christian, ¿y vos? Dice algo y no le entiendo. Algo parecido a “lindo”. ¿Lindo?, le pregunto, al oído, estúpidamente. Me repite, silabeando. ¿Lindo?, insisto. Ah, Milton. Igual sos muy lindo, Milton. Gracias papá, dice, voy al baño, ya vuelvo.

Se va y sigo bailando. Al costado hay 4 chicas y un pibe en grupo. Una de ellas se acerca a preguntarme. ¿Quién es?, ¿es del Bailando? Se piensan que es un actor conocido. Ja. No, es buena onda nomás. Ah, dice ella. Y las otras dos acercan la cabeza para escuchar mi respuesta, no, no es de la tele. Cuando viene del baño, con la remera puesta, le digo que varios me preguntan si soy de la tele. ¿Yo? No. Ah, debe ser porque hace un rato saludé a Maxi (Diorio, que está por ahí). No es por eso, pero no le digo. Le pregunto cómo le gustan las chicas. Que tenga buena onda, que me haga cagar de risa, dice. ¿Eso solo? ¿Tetona, flaca, joven, madura, rubia, morocha? Ah, no importa. Flaca y que tenga linda trucha.

Ah, pará, yo algo de actor tengo, dice, como si se acordara de algo. Dame tu celu. Se lo doy. Buscá el youtube, me dice. No lo encuentro, pero él mete el dedo y aparece. Agarra el telefonito y tipea a toda velocidad. ¿Cómo hace si está todo oscuro, la pantalla es chica y sus dedos son gordos? Mirá, ahí estoy yo. Es un video de una banda de metal berreta. Se ven 4 pelilargos cascoteados, con remeras negras, contra una pared descascarada. El video tiene 3 componentes: la banda revoleando los pelos y tocando re duros, unas minas feas vestidas de roqueras motoqueras como esperando alguien que las venga a rescatar, y Milton, que está vestido de oficinista atrás de un escritorio de fórmica. Supongo que la canción es una invitación a abandonar la oficina y sumarse al rock, huir del escritorio y subirse a la moto. Efectivamente, Milton parece sobrepasado por sus tareas, y lo demuestra agarrando un bloc de hojas y pasando el dedo como diciendo guau, esta resma tiene como 500 hojas. Es demasiado para él, el traje le aprieta, el cuello de la camisa lo acogota.

Las motoqueras siguen esperando pero ahora están más animadas, y después del solo de algo (no sé si de batería o de guitarra), pasa una moto a toda velocidad frente a ella, y ellas responden dando saltos y aplaudiendo, aunque el tipo pasó sin frenar. En sincro, Milton se harta, se saca la camisa, se sube a la moto, se lo ve en cuero, con anteojos negros, se lo ve medio asustado arriba de la moto quizás demasiado grande para él, pero logra arrancar. Unos fotogramas más de la banda en su clímax, y el video termina con Milton que frena la moto, y se queda duro ahí, mirando al frente, y la más alta de las motoqueras se le sube atrás, lo toma de la cintura, y él con mucho cuidado para no caerse arranca. Chau oficina, que viva el rock y la ruta.

Sos un groso, le digo. Dame que te doy mi número, dice. Y me agarra el celu de nuevo. De nuevo anota todo rapidísimo. Y lo anota bien. Cuando una hora después salgo del boliche y le mando un mensaje diciendo buena onda, che, linda noche, veo que en su foto de whatsapp está en cuero, con el lomo todo marcado. Pero ahora seguimos bailando, me pide otro caramelo. Va y viene entre minas feas que no le dan bola. Baila con chicas y con chicos por igual, vuelve, me dice te aviso así otro día salimos, se vuelve a ir. A medida que avanza la noche varios le piden sacarse fotos con él, supongo que también pensarán que es de la tele. Él se pone firme, sonríe y hace con la mano el gesto de la V sobre el pecho. Si tiene las dos manos libres, hace el gesto con las dos manos.

De pronto mira el celular, se da cuenta de la hora, y viene y saluda de a uno a todos los que están alrededor, y señalándose el pecho les dice su nombre, supongo, aunque nadie se va a acordar el nombre de nadie la próxima vez que nos veamos. Lo abrazo y me abraza. Nos vemos papá, me dice y se va. Aunque un rato después lo veo que está todavía con la campera bailando atrás, cerca de la puerta, pero sin irse.

A mí también se me hizo tarde. Tengo apenas unas pocas horas para dormir y después reportes, facturación y hojas excel. Pero si tenés suerte y la rutina te asfixia y sentís que tenés que bailar con la más fea, aparece Milton con la moto y te lleva.

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