Derrotas

[2 de Noviembre de 2002, Café 52, New Brunswick, New Jersey. Carta escrita a Rolando, con motivo de su inminente mudanza a San Luis.]

Rolando,

Millones de años pasaron, o quizás solo millones de minutos, desde que nos vimos por última vez. Mi última visita a Buenos Aires fue caótica en muchos sentidos, ni siquiera sé muy bien que hice. Me ha pasado que mis visitas cortas resultan más compactas y efectivas, las largas, en contraste, se dilatan, se estiran, se enturbian.

Se me ocurrió escribirte, intentar reconectarme con vos desde el papel. Sos de los pocos que no acceden a la internet (NO pertenecer tiene sus privilegios) y eso me fuerza a la comunicación manuscrita, al pulso de la Pilot Precise V5 Extra Fine. Disculpá la letra, el desorden: me malacostumbré a la PC, y extraño la tecla Delete: ¡Tink! y un párrafo chirle o un adjetivo resbaladizo desaparecen. El desorden también viene del atropello del principio de unidad y del de secuencia: no tengo una idea clara de qué decir, no tengo una intención definida ni un propósito último.

(((Bajemos un cambio. Café 52, a dos cuadras de donde vivo, ahí estoy, acompañado de mi taza de café. Sábado 23.30 horas, el frío del invierno que ya gobierna el otoño y una pandilla de pendejos que charla ruidosa, refugiados del frío pegajoso que resbala más allá de los vidrios.

Un pibe árabe me acaba de pedir permiso para compartir la mesa � el café está lleno. En la mesa de al lado una chica con una remera �The dark side of the moon� ataca con ferocidad sus fotocopias con un fibrón anaranjado flúo. Suena Suzanne Vega (¿o es Dido?) mientras yo empujo con desgano el café aguado a través de mi garganta. Fiebre celular: hay por lo menos cuatro personas hablando por teléfono. Yo, en cambio, sólo lo uso en la calle, aún cuando me fuerza al acto heroico de salir a la vereda si recibo un llamado.)))

El otro día cenando con amigos (uno yanqui, el otro holandés, el otro inglés) debatíamos el tono de las reuniones de amigos en nuestros países de origen. En USA la gente se reúne con un propósito: ir al museo, al cine, estudiar en grupo. Existe un frase verbal (hang out) � que los portoriqueños han mutado al delicioso �janguear� � para describir la acción de juntarse sin un motivo definido, pero no veo que la práctica esté muy generalizada. Pienso en este texto como un jangueo epistolar.

(((Se fue mi compañero de mesa con su café, acaba de entrar la rusa que es Hall Director en mi edificio, y me saluda con una leve inclinación de la cabeza))).

El jangueo epistolar: escribir con la imagen mental de tenerte enfrente en mi habiación, hace diez años, mientras escuchamos juntos Darklands (The Jesus & Mary Chain), dejar que la música nos unte con su mermelada oscura y hablar de nada, de los pliegues de nuestra inútil adolescencia, de los planes para tomar el mundo por asalto (o quizás una porción infinitesimal: armar un programa de radio, una revista, un grupo de rock).

(((El mozo mariconcete se pasea entre las mesas abanicándose con un menú plastificado. Hace frío, por eso el abanico es solo un accesorio glamoroso, los pómulos pálidos no necesitan refrigeración adicional. Me lo imagino de pronto travestido en gitana, zapateando con la columna vertebral arqueada, revoleando una falda ondulante. Mejor aún, me lo imagino como uno más de los integrants de Loco mía))).

Demos un portazo, cortemos en seco mi tono melancólico, el patinaje sobre el hielo quebradizo de años que ya no están.

(((Ahora entran en fila ordenada tres parejitas. Luego de comprobar que no hay mesas libres se retiran sin romper el orden militar de la fila: un-dos-un-dos))).

Clase de salsa hoy, este semestre decidí aprender a bailar salsa/merengue. Creo que fue porque me cansé de que me miraran con el ceño fruncido cuando respondía �Soy horrible� a la pregunta recurrente �Sos argentino, ¿ahí es donde bailan tango?� seguida de la sentencia inapelable �Bailan muy bien en Argentina, lo ví en Evita, el musical�. Respondí un par de veces con �Sí, bailamos las 24 horas del día en Argentina, ahora que lo pienso no hacemos otra cosa que bailar�. No daba mas explicaciones, no contaba que bailamos el chamamé de las cuotas impagables del tiempo compartido, el pasodoble de los hospitales públicos devastados, la chacarera de los políticos criminales, el vals del país del no me acuerdo, que se partió en dos y se hundió en el fondo del océano.

(((En la mesa vecina dos geeks discuten estadística. El de anteojos tiene un súbito ataque: �¡Tenés que ver esto! ¡Una obra maestra, mis 30 dólares mejor gastados!�. Mete un DVD en su laptop, juega con la tableta/mouse unos segundos y gira la computadora sobre la mesa para que su compañero quede frente a la pantalla. Play, y Peter Sellers atónito frente al rollo de papel higiénico que se desenrrolla y cae al piso. El pibe mira con atención pero solo acompaña a Peter Sellers con una sonrisa piadosa, supone que el higienol es sólo el preámbulo de la obra maestra tan promocionada. �¡Un hito fundamental del siglo XX!� � exclama el de anteojos, mientras apreta el Stop, saca el DVD de la laptop y lo vuelve a meter en la cajita. �Impresionante, ¿no?� � remata. Su amigo piensa �No, en realidad no�, pero dice �Sí, la verdad que sí�, sin énfasis.)))

Sigo en contacto con Alejandro Ale. El negro no cambia: desde Bali, Tailandia o Costa Rica escribe mails breves, llenos de signos de admiración, faltas de ortografía y estusiasmo contagioso. El negro Ale, una roca azabache donde el mar de la vida rompe con violencia. Pablo Farina también anda por ahí, filma, vagabundea. Pablo Vicente asomó un segundo la cabeza con un mail conciliatorio: �fue una lástima que no siguiéramos en contacto, voy a escribirte pronto, contame en qué andás�. Mauricio emigró a Mendoza con su familia, en busca de horizontes moscateles.

(((Hay una moza también � permitime que la llame mesera, que suena tan mal � aparte del chico Loco mía. Esbelta, curvilínea, se desliza entre las mesas con gracia, sonríe. Tiene el pelo teñido de un rojo furioso, casi flúo, el mismo color del fibrón de la anteojuda de la mesa contigua. Lleva tres tazas de café humeante en su bandeja. Cruza el salón justo en el momento en el que la música se apaga unos instantes. Los de la mesa la miran extrañados � ¿pero es realmente el pelo de ella o un guiño halloween? � , no pidieron tres cafés sino tres ice teas. La pelirroja gira y emprende el regreso con las tres tazas humeantes. Un acordeón suena, tristísimo, un zigzagueo esponjoso, yugoslavo, ralentado, que lo invade todo. Veo a la chica en cámara lenta, las caderas en un vaivén mínimo, el humo de las tazas que le sube hasta la cara. ¿Será esta chica una metáfora de mi destino, pedir una taza de ice tea y que te traigan una taza de café?))).

No hay tragedia más atroz que aquella que se repite. No sólo nos tajea la cara un cuchillo nuevo, sino que volvemos a sangrar la herida anterior. Aníbal te envió el manuscrito de su autobiografía hace un par de años. Yo ahora te envío algo similar: acompaño esta carta con una copia impresa de �Puto y aparte�, mi weblog.

Aníbal también me envió su manuscrito, pero yo, siempre mas descortés que vos, nunca lo leí. Me comentaste en su momento que el texto de Aníbal era descabellado, no sólo porque lo había escrito en su propio lenguaje �fonético�, sino porque lo pintaba de cuerpo entero: gurú posmoderno, alucinado, santo patrono de sí mismo. Cada gesto de su vida, cada novia abandonada, cada arruga de su ropa interior retratado con contornos épicos. La última parte del libro era de una megalomanía escalofriante: un hijo suyo (imaginario) relataba, arrebatado de admiración, la vida y las enseñanzas del padre (¿muerto? ¿desaparecido? ¿transfigurado?). Años después Aníbal pintaría un colectivo con símbolos ceremoniales aztecas y tipografía yellow submarine y se lanzaría a la ruta a leerle las manos a chicas bobaliconas en Punta del Este (la nota aparecida en la sección �Verano� del Clarín no dejaba lugar a dudas, el de Aníbal fue �el colectivo más loco del verano de Punta�). El colectivo, la road movie psicodélica, la atmósfera celebratoria me traen a la memoria a Piero y a Sandrini en �El profesor hippie�.

(((A la chica del fibrón se le une ahora un chino huesudo con una remera que delata su patria adoptiva: Banana Republic))).

Empecé a escribir apenas llegué a USA. Poseso, sediento de una sed más allá de toda sed, email tras email. La vida me había empujado lejos, dudo que mi vida se haya hecho más interesante, pero sí me había desenfocado momentánemente. ¿Le sucederá lo mismo al boxeador cuando un cross de derecha le cruza la cara? En el segundo posterior al puño en la cara que te hace perder el equilibrio, ¿se verán los colores más nítidos? ¿se organizarán los gritos del público caníbal en una sinfonía cristalina? Sólo sé que con la cara contra el piso, escuchando el disco rayado de un árbitro cuya cuenta se quedó para siempre en 9, allá por agosto de 1998, empecé a escribir. Con la seguridad de la derrota (Marguerite Yourcenar, en el libro �Alexis, o el tratado del inútil combate�, lo dijo de una manera bellísima, en una oración que casi siempre me empuja al llanto: �Nada iguala la dulzura de una derrota que sabemos definitiva�), me lancé a tipear, y todavía no paré.

(((Dos chicas comparten un sundae tres mesas más allá. Una tiene un corte de pelo cuadrado, enojado, la otra trencitas rastas. Se miran a los ojos mientras paladean el helado. Por debajo de la mesa se toman las manos, mujer contra mujer.)))

Me encontré con Patricia Chiodini en la Avenida de Merlo a principios de agosto. Yo salía del Windows gym y ella caminaba apurada en la dirección opuesta. Me vio, dudó y siguió su marcha. Yo la frené, charlamos un rato. Me puso al tanto de la actualidad de algunos ex-compañeros del secundario. La mayoría se casó, la mayoría de las chicas hizo el magisterio, la mayoría de los chicos andá a saber. Lo mejor fue enterarme del presente de aquella chica espigada y maquillada por demás que dibujaba infinitas variaciones de las chicas glam de los posters Pagsa: terminó yeguariza y �secretaria� de la Noche del Domingo, con Gerardo Sofovich. Nos demoramos en recuerdos entrañables, incluyendo, por supuesto, aquel viaje en un colectivo desvencijado lleno de animales: 5 o 6 pavos y gallinas exóticas, una comadreja, un chimpancé, un chancho. Llegamos a canal 11 convencidos de la victoria y apestados porque el chancho, aterrado por las sacudidas del ómnibus, se despachó con una diarrea interminable.

Nada importaba, �Domingo de todos� prometía un viaje a Bariloche para toda la división si derrotábamos el zoológico del equipo adversario. Las chances eran mucho más altas que las que ofrecía “Feliz domingo” y su cofre de la felicidad.

Bajar el chancho del colectivo fue una tarea hercúlea, ya que el porcino se negaba a abandonar el calvario del colectivo convencido de que el calvario que le esperaba sólo podía ser peor. Fuimos derrotados con un golpe letal: el otro colegio se presentó con un lagarto verde inmenso que oulverizó nuestras chances (dos semanas después nuestro consuelo fue enterarnos que luego de sólo 4 semanas en el aire habían levantado el programa de Jorge Rossi y los del colegio de Bernal nunca recibieron su premio).

Charlamos con Patricia una hora. Se casó, tiene hijo(¿s?) y en ese momento volvía a la Clínica Merlo a acompañar a Analía Geoghegan que acababa de parir su segundo vástago. Siempre es un placer saber que la buena gente se reproduce.

Más allá del recuento de hijos, arcas de Noé y secretarias de Sofovich, algo muy parecido a la felicidad emanaba de Patricia: me apretaba el brazo cada 30 segundos y exclamaba �¡Christian, que bien que se te ve! ¡Se te ve muchísimo mejor que en el secundario!� Yo me defendía diciendo que estaba más gordo y más viejo, pero ella me interrumpía: �No, no hablo de eso, es otra cosa, como que te encontraste a vos mismo, no sé�. ¿Será la clarividencia que provee la vagina? ¿Será ese �la mujer sabe el devenir, mirando con el ojo del Sur, el ojo que mira el magma�, como decía Spinetta en �La bengala perdida� citando a Castaneda? No sé por qué no quise interrumpir el entusiasmo de Patricia contándole que soy gay, que ya lo era en el secundario, que ya lo era cuando ella insistía en sentarse en mis rodillas, que ya lo era cuando ella misma me aconsejaba que siguiera saliendo con Nora porque era una buena chica (ella también era una buena chica, ella también se había enamorada inútilmente de mí). Le conté que Ruiz, nuestro profesor de música del secundario, me �acosó� años atrás preguntando detalles de mi ropa interior cuando volvíamos en su auto del colegio de Castelar en el que yo era preceptor y el profesor. �Cada uno debe encontrar su propio camino, su propia sexualidad� � deslizó Patricia. Sí, Patricia, sí, tenés toda la razón del mundo, ojalá tengas muchos hijos, que seas feliz, que comas perdiz.

¿Qué es de la vida de Mariano Indart? ¿Te acordás de �Nada de nada�, nuestro programa de radio? Recuerdos increíbles: un micrófono, tres boludos que quieren ser Lalo Mir o Quique Pessoa pero que sólo se divierten entre ellos, comen pizza con el micrófono abierto y escandalizan al dueño de la radio con una aparición intempestiva en la maratón solidaria para recaudar fondos para los chicos desposeídos.

(((Una gorda en la mesa de enfrente lee Harry Potter. En media hora el café cierra y el café ya se está vaciando lentamente. La mesera pelirroja se aburre. Se sienta frente a la ventana, juega con un dedo en su pelo, de pronto empaña el vidrio con su aliento y dibuja un círculo, lo rellena, y mira a través de él hacia afuera.)))

¿Qué fue de la vida de David, el español? Me acuerdo siempre de aquellas vacaciones en Mar del Plata, con David, Aníbal y vos. Me acuerdo de aquella noche en la que fuimos a la calle Mitre y David compró una bolsa inmensa de caramelos. Se pasó la noche persiguiendo chicas, murmurándoles gallegadas, intercambiando piropos por sonrisas o estupefacción. Volvimos caminando por la costanera, contagiados de la borrachera de desparpajo de David, con la bruma salada de las olas que rompían a pocos metros humedeciéndonos las camperas.

Tengo que confesar algo innecesario: la delicia que me produjo ver a David desnudo por primera vez. Pasaron varios días antes de que eso sucediera, todos nos cubríamos automáticamente al salir de la ducha o nos cambiábamos de ropa en habitaciones distintas. Hizo falta la bruma salada de aquella noche para sellar un pacto provisorio de intimidad nudista. Si me demoro en esta confesión inútil, conviene también que la confesión sea total: nunca me masturbé pensando en David. La derrota definitiva de ser homosexual no está vacía de placeres intransferibles. Me enamoré en tres días de David, y el gozo de verlo desnudo palpita más allá del latido sexual; el deleite de la contemplación de lo bello e inasible tiene más que ver con ansias más primitivas, con ceremonias más entrañables: dormirse al sol, dejar que la lluvia te pegue en la cara, refregarse las manos heladas contra el fuego que crepita.

(((La chica del fibrón y el chico de la república bananera cierran sus libros y se ponen los abrigos. La pelirroja limpia las mesas y el chico Loco mía guarda las tortas en la heladera. Cesaria Évora acompaña con su voz ancestral.)))

Termino acá, con puntos suspensivos. Espero que te llegue esta carta y también algo de su (sin)sentido. Saludos a todos: tu mujer, tu hijo, la familia. Que estés bien y que tu peregrinaje a San Luis te traiga felicidad.

Me puse solemne y me sale muy mal. 2 de la mañana. Me voy, pero acá estoy.

Seguiré estando,
Christian

6 thoughts on “Derrotas”

  1. Excelente relato!!!!! Fue como estar en ese café, sentada en una mesa contigua viéndote escribir amigo. Talentosísimo!!!!!!!! Segui asi!!!! (típico de boletin perfecto?) yo soy una de las docentes que te contó la Chiodini “trucha” esa.

  2. No se si sera el mismo Mariano, pero Mariano Indart es mi profesor en la I.F.S.D. Nº 29 de Merlo, quizá no tiene sentido este dato, aunque fuese el mismo Mariano ya que publicaste este relato hace algunos años.. en fin, se ve sanito y bohemio..

  3. Delicioso, es impresionante cono envolves con las
    palabras.
    Yo escape a la mayoria de las chicas del cole q se
    hicieron docentes…Vos sabes como amo ser dentista!!
    Sos mejor aun q en el secundario.

  4. Hola Cristian. Me encantó tu blog. Yo no te conocí tanto. Pero nunca imaginé ,siendo un genio de las ciencias exactas, como escritor. La verdad, hace mucho que no leía algo que me mantuviera interesada del principio al fin!! Hiciste muy bien en dedicarte a esto!! Desde hoy , te digo!

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