El pub de la pelea, parte 2

[continuación]

Mi puño viaja hacia la cara describiendo un arco, como si tuviera una raqueta en la mano y le pegara a una pelota. No quiero mentir, al único tenis que jugué en mi vida es al tenis de mesa, así que lo mejor es imaginarme con una paletita de ping pong pegando un remate, un remate fuerte. La cara del tipo se sacude bruscamente hacia el costado y cuando vuelve a la posición vertical es otra cara. Diego grita pará pará y se interpone entre el pelado furioso y yo.

Es un lugar común decir todo sucede en un segundo, pero también es cierto. Lo que sucede en un segundo es esto: pongo en movimiento el puño recorriendo un arco hacia la cara, centímetros antes de que ese puño haga impacto en su cara el pelado se da cuenta lo que va a pasar y hace una mueca de sorpresa, la parte interna de mi puño golpea su sien, la cabeza se desplaza hacia un costado, Diego grita pará pará, intenta interponerse y agarrarle los brazos por las muñecas, la cara del tipo vuelve a su posición vertical, el tipo se lanza hacia adelante, yo me miro la mano como si fuera la culpable, vuelvo a mirar al tipo y lo veo abalanzarse como si fuera el primer jabalí de una manada de jabalíes de ojos rojos. El siguiente segundo lo ocupa este pensamiento: este partido de ping pong lo pierdo.

Pause. Congelemos la imagen y retrocedamos a mi infancia y a mi adiestramiento en el templo Shaolín, o mejor, en algún campito de Merlo, después de una tarde entera de tirarle piedras con la hondera a una lata y de descuartizar varios cascarudos. Luis me mira a los ojos y me dice: “Chingolo…” (así me decía Luis desde que se enteró que fui un chingolo en una representación de Sueño de una noche de verano en el Teatro de Merlo. Ahora que lo pienso: estoy casi seguro que no hay chingolos en las obras de Shakespeare, así que esas medibachas amarillas y todas esas plumas de papel crepé se vuelven todavía más innecesarias). Luis me dice: “Chingolo…” – y ahora que lo pienso chingolo es como “mi pequeño saltamontes” – “si te vas a pelear tenés que hacerlo con instinto asesino. Tenés que estar seguro de que la furia no se te va con la primera piña. No podés quedarte a esperar una vez que pegás el primer tortazo. No podés esperar ni pelear limpio, los boludos que pelean limpio terminan desfigurados.”

Volvamos al presente. Play. Diego intenta agarrar al pelado de las muñecas pero no puede, y ya tengo su puño derecho impactando en mi sien izquierda. No hizo falta reencarnarme para que se cumpla la ley del karma, en menos de 3 segundos la piña que pegué acaba de describir un círculo completo y me corta la ceja izquierda.

Pause. Luis, no aprendí nada, Luis, espero que vos sí hayas aprendido. Te cogiste al pendejito ese a la fuerza y el pendejito fue a decirle a la vieja y la vieja hizo un escándalo en el barrio, diciéndole a todos que al pendejito le salía sangre del culo. Manuel se echó la culpa para salvarte, o quizás porque vos lo amenazaste, eso tampoco nunca lo supe, Luis. Vos sabías que los padres de Manuel eran super estrictos y estoy seguro que lo mataron con las duchas de agua fría y que lo recagaron a palos, Luis. Luis, yo creo que me enamoré de vos, era muy pendejo pero creo que sí, porque sino no se explica que me haya olvidado tantas cosas pero me acuerde del día que los pibes empezaron a hablar del teto y yo preguntaba que era y todos querían mostrarme y vos dijiste que no, que a mí nadie me tocaba y ese día nadie me tocó porque vos eras más grande y porque todos te tenían miedo o respeto, que para el caso es lo mismo. Luis, después de que te cogiste al pendejito nunca más te vi, no sé si te mudaste, no sé que pasó.

Play. Diego logra abrazar al pelado y frenar el resto de las piñas, pero no puede frenar su impulso hacia adelante. Me empujan, tropiezo, caigo sobre uno de los sillones del reservado, hacia el costado, detengo la caída con mi mano derecha contra el piso, mis huesos crujen. Diego sigue gritando pará pará. La sangre me empieza a chorrear desde la ceja. El pelado me agarra de la remera, vuelve a hacer pie, se levanta y tira de mi remera. La tela cruje también, es un sonido insólito, largo, suspendido. Diego se levanta y se lleva al pelado hacia el costado. La pelea se terminó: el pelado ve la sangre chorreando espesa por mi cara y se tranquiliza. Yo me levanto atontado y siento el brazo derecho descolgado, como si fuera a desprenderse y a caer al piso. Me acomodo los jirones de la remera para que me tapen un poco, tengo todo el pecho y la panza descubierta y cubierta de sangre. Me sostengo el brazo derecho con el izquierdo, miro mi hombro derecho, mi hombro derecho parece haber desaparecido.

Camino hacia la entrada. Dos tipos de seguridad me pasan por al lado, van corriendo hacia el fondo del boliche. Los freno con un grito:

– El de las piñas soy yo…
– ¿Qué pasó?
– Le dije a alguien que estaba fumando que deje de fumar y saltó otro pelotudo y me insultó. Esto es lo que pasa por no cumplir las leyes que se tienen que cumplir.
– Pero flaco yo te dije que me esperes cinco minutos que lo íbamos a solucionar…
– ¿Me estás cargando? Él mismo pasó fumando un cigarrillo hace cinco minutos – digo, señalando al segundo tipo de seguridad.

En ese momento aparece el pelado. Lo encaro.

– ¿Vos estás loco? ¿Cómo me vas a decir gordo?

Estoy furioso de nuevo. El tipo se sorprende de la intermitencia de mi furia.

– Vos te estabas riendo con tu amigo…
– No me estaba riendo de vos, ¿estás loco?
– Estabas molestando a la gente y riéndote con tu amigo…
– Hay una ley que dice que acá no se puede fumar, ¿entendés? Y no me estaba riendo de vos, pelotudo, esto es un lugar para bailar, la gente viene a cagarse de risa, esto no es un cementerio, ¿entendés?

El tipo me cree, mira hacia abajo, parece entender el error. Un hilito de sangre le cae desde la sien. No dice nada, está incómodo, quiere irse.

– ¿Pero vos le pegaste la piña a él? – pregunta el de seguridad, incrédulo. Compara mi altura con la del pelado, los brazos musculosos del pelado cubiertos de tatuajes con mi brazo flaco salido de lugar, el pecho del tipo con mi pecho hundido cubierto de pelos pegoteados de sangre.
– Sí, le pegué porque me insultó.
– Pero no tenés que pegar, nunca tenés que pegar. Venís y nos decís a nosotros, que para eso somos los de seguridad.

Estoy furioso de nuevo, mi furia no es constante, viene en relámpagos y se va, así no sirve.

– ¿Qué voy a venir a decirte? ¿”Me dijeron gordo”? ¿Me estás cargando?

Se quedan mudos.

– Traé servilletas para secarle la sangre y fijate si podemos pegarle la ceja con la gotita – le dice uno de los de seguridad al otro. – Y llamá a la ambulancia que le van a tener que poner de nuevo el hombro.

(continuará)

21 thoughts on “El pub de la pelea, parte 2”

  1. Es un relato hermoso. Se palpa la violencia, duelen los golpes, se mastica la furia.
    La impotencia está ahí, colgando como el brazo tuyo que pende del hombro dislocado.
    No te lo niego: a veces sueño con que no hace falta llegar a estas instancias. Para eso, me digo yo, está la pluma y está la palabra. Es un arrebato pelotudo y sanmartiniano el mío, pero viste cómo es, cada quien exorcisa los demonios como puede.

    Igual no reitero lo que dije en la primera entrega de “El pub…”: lo aclarado, pisado.

    Dejaste un comentario muy lindo en mi blog, quedó como spam, lo agarré a wordpress de la solapa y te soltó. Disculpas y saludos,

    José.

  2. No entendí bien porqué se te salió el brazo de lugar, pero es un detalle nomás.
    El relato está muy bueno, menos mal que no te siguieron pegando, yo temía algo mas terrible.
    Ojalá la tercera parte no demore tanto je.
    Saludos.

    Rosarioso, desde Rosario, cuna de la Bandera Argentina, esperando que se hagan las 16hs para salir del trabajo y pirarse a Buenos Aires para pasar el fin de semana largo en la ciudad de la furia!!!

  3. Haber haber eso que lei fue raro y gracioso.Mayormente raro porque te gustab el tipo?.Digo no es que te tome de puto pero pusiste que te enamoraste de el(en resumen…Te enamoraste de Luis?)
    Ahora eso de que te descolocaste el hombro no entendi bien fuiste vos el que se lo descoloco o “el pelado furioso” el que te descoloco el hombro.
    Esta bueno como haces la historia(autoretrato)porque en el medio pones chistes o almenos decis cosas que son graciosas como “la gente viene a cagarse de risa, esto no es un cementerio”
    Eso si lo dijiste pero yo me cago de risa enves de ver el error digo quien te dice que no es un cementerio(se que es verdad que es muy divertido y te cagas de risa…)pero…te moris de risa si alguien te contesta asi.
    Bueno estubo muy bueno,el primer comentario que hice fue sin leerlo.
    Chau y ahora que me doy cuenta es sarpadamente largo mi comentario…
    /Xiarius

  4. Hm, cuando Rosarioso me dijo que no se entendía cuando se sale el brazo modifiqué esa parte del relato. Caigo hacia atrás con el pelado y Diego encima, para parar la caida apoyo la mano en el piso, de costado y “mis huesos crujen”. ¿No queda claro?

  5. Me quedó claro que “gordo” no hay que decirte.
    Ahora, el del 5º comentario te está tratando de “puto”,
    ¿no te agarrarás a trompadas virtuales con el, no?

    Ahora en serio, toda la iluminación que llega desde el
    pasado con las referencias a las calles de Merlo, es
    de lo mejor. Hace del relato algo mucho más interesante
    que una pelea de bar.

    Un abrazo.

  6. Uf! si los flashes al pasado son lo que hacen del relato… un cuento… además le dan dimensiones… Luis y el grupo… la violación del chico (porque creo que lo describes como una violación o solo fue una transgresión?) y tu enamoramiento de Luis… a ver que viene en tres… justo el otro día pensaba que algunos sienten rabia y llegan hasta el final, con esa ceguera que da la furia… y otros no podemos. Algo nos hace sentir de pronto otras cosas, como por ejemplo en mi caso, muchas veces simple tristeza… Yaya, ya me voy con mis elucubraciones a otra parte, era para dejar constancia de lo que le pasa a tu lectora con este relato.

  7. Hace un tiempo conocí a alguien que después de leer “La historia de la noche” le escribió a Colm Toibim, el autor, diciéndole que la novela era casi su historia (C nunca respondió). Me fui pensando si además de las coincidencias (que en ese caso eran muchas) existe algo así como la capacidad del escritor de involucrarnos en la historia. Cuando leo algunos de tus relatos (por ejemplo este) me pongo un poco nervioso. En situaciones similares me hubiera ido a casa con muchas ganas de dar la piña. Espero ansioso la próxima entrega!
    C

  8. Ya Franco, dos comentarios arriba, dijo lo que yo pensaba. Lo del flashback es un flash. Realmente el relato dejó de ser una simple crónica para convertirse en algo literario, como casi siempre lo hacés. Esperamos todos las tercera parte.

  9. xtian, la historia me encanta y está contada de muy buena forma, si todo termina en una orgia con gancia batido y sangre por todas partes, va a ser genial

  10. No se como llegue aca,
    No se lo que soy, ni lo que voy a ser,
    No se escribir y tampoco leer
    dudo y existo, o existo y dudo
    existo cuando leo, y leo aca..
    gracias por permitirme existir

  11. Me encanto como termino la segunda parte, ni en pedo me enojo con vos, sos grandote y de peqeueño saltamonte no tenes nada de nada.
    saludox

  12. Xtian: sigo tu blog desde hace dos años, muy pocas veces te he dejado cometarios pero sos una gran guia cybernetica para mi, me identifico mucho con la mayoria de las cosas que escribis y tu forma de ponerlo en palabras. Quiero volver a participar de un taller, sé que estas dando uno o estas de ayudante o algo así. Me gustaria contactarme con vos. Te pase mi blog, lo empecé timidamente.
    Un abrazo.
    Sebas.

  13. Tu blog está muy bueno y narrás muy bien.

    Ahora, francamente, la histeria antitabaco y el “me hace mal el humo” me tienen podrido y me parecen una ridiculez ¿Te hace mal el humo del cigarrillo? Entonces entiendo que caminar por el microcentro debería bastar para que caigas muerto con el monóxido de carbono de los escapes, man.

  14. Jack: sí, el cigarrillo me hace mal. A vos también.

    Por otro lado, estoy de acuerdo, el smog en el microcentro es terrible, por eso pienso que:

    1. hay que tratar de no laburar ni vivir ahí.
    2. hay que pedirle al gobierno que en el corto plazo extienda la red de subte o construya trenes elevados (o tranvías, o lo que sea) en la ciudad, restrinja fuertemente la circulación de autos en la capital y fuerce a los colectivos a pasarse a sistemas ecológicos, y si no lo hacen dejar de subsidiarlos. En el largo plazo pedir que vayamos hacia otras formas de energía menos contaminantes (en San Francisco, USA, todos los colectivos son eléctricos).

    Yo no suscribo la posición todo te mata y por lo tanto no hay que controlar los elementos venenosos de los alimentos, hay que chupar todo el smog posible y todo el humo de tabaco posible, no molestarse por potabilizar el agua, etc. Sostengo que, aunque los controles perfectos no existen y vivir en este siglo tiene sus costos, se pueden minimizar esos costos (por eso es que la expectativa de vida sube, y podría subir mucho más si no fuera por dos de las cosas que vos mencionás: la cantidad de gente que matan los autos circulando en los lugares llenos de gente, el cigarrillo, etc). Y eso se puede hacer: hay ciudades menos contaminadas que otras, países que controlan mejor que otros las sustancias nocivas en los alimentos y muchas, muchas ciudades donde los fumadores fuman en lugares donde no joden.

    La idea de que todo contamina igual y todo es lo mismo y todos nos morimos, es decir, el reviente para mí reviente para todos le sirvió a Fito Paéz para hacer un buen disco: Ciudad de pobres corazones. Como elección individual, siempre que no se joda a otros, es respetable, como política social y de salud es pésima.

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