Fracción

Con Felizia, la mujer que limpia, vamos ganando confianza. Ahora cuando toca el timbre y pregunto quién es, dice “Feli” en vez de “Felizia”. Ayer, apenas llegó, le pedí que me ayude a ordenar los libros, que se me habían caído encima de una torre de Pisa literaria gigante. Le dije “mire si moría aplastado por los libros”. Le agarró un ataque de risa, es la primera vez que la veo reírse, le dio verguenza y se metió en el baño y salió con los ojos llorosos. Después me acosté un rato a dormir mientras limpiaba y le dije que me toque la puerta cuando se iba. Me golpeó la puerta y me dijo “me da lástima despertarlo porque escuché cómo dormía”. ¿Habrán sido mis ronquidos a través de la puerta? No pregunté.

Nunca se queda un número exacto de horas, pero no quiere que le pague una fracción. Tres horas, tres horas y media sí, pero si son 15 minutos no quiere. Ya tuvimos tensas discusiones al respecto. Lo mismo cuando no tengo cambio para darle. La otra vez se llevó una bolsa de monedas gigante que tuvimos que contar durante 15 minutos porque no quería que le pague “de más y lo descuento la semana que viene”. Ayer le pregunté cuánto había estado y me dijo 3 horas y 7 minutos y 15 segundos. Se puso seria y me miraba. Y después se empezó a reír, 3 horas, 3 horas, dijo, avergonzada, agarró la plata, el termo, el celular y se fue.