Galletitas de medianoche

Es la mitad exacta de la noche, su bisectriz. Hora de ir a pagar la cuenta, de cerrar la tarjeta de consumo, de no comprar más alcohol. Pero media hora después, besándome con alguien que no conozco, pregunto: si ya cerré la tarjeta, ¿puedo comprar otro trago? Me dice él, otra cerveza, y compra otra cerveza. Bailamos, creo que es Rihanna, trabajamos, bailamos, creo que es Beyoncé, vamos, chicos, hagan fila, bailamos, siempre, el mismo vals carioca. Dos para allá, dos para acá, él se ríe, yo sonrío. Otra cerveza. Me agarra de la mano y me guía contra un rincón, donde dos lesbianas tijeretean con tijera a piquitos, me aprieta fuerte, me muerde, y me quiere meter la mano por atrás en el pantalón, pero tengo el cinturón puesto y la mano no traspasa, no aflojo el cinturón. Después, bailando solo, trato de apretar todavía el pantalón, porque todavía siento que el pantalón se me cae, pero no hay más agujeros en el cinturón. El último agujero es ya geológico, como el aro anticuado de una secuoya, de una última glaciación. El oso que me besa, que me quiso meter la mano en el pantalón me besa otra vez, y beso a otro, y a otro, y a otro, y cuando le pregunto el nombre, después de un largo rato, me pregunta si me voy, le digo que no, solo quiero saber el nombre, me lo dice, pero no le entiendo. Le digo que Christian.

Me besa otra vez, baila acompasado otro vals, que ahora es Sia. Alguien que conozco de Argentina me pregunta algo que no entiendo, pero igual le contesto algo, que tampoco entiendo. Alguien que no conozco y que sonríe me pregunta algo que no entiendo, y le contesto no sé qué. Recién ahora, un rato después de que me preguntaron si me iba, se me ocurre que irme es una buena idea: cortaron el agua del baño, los tipos ahora vienen y se ofrecen de a dos, y beso de a dos y rápidamente me aparto y empujo desde la nuca a los otros dos, para que se besen. Con la mano hago gaviota renga, señalando que me voy, el oso que me besa hace rato hace okay con la cabeza y le digo que celular, que le voy a dar mi número. Raya la pantalla de su celular pero su celular entiende todos sus otras transas anteriores: Cristóvaro, Caio, Carlos, le pido el celular pero al final acierta con Cristiano, y yo, con una eficiencia de pistolero far west, acierto mi celular de un saque, sin pifiar una tecla. Le pregunto a él de dónde es, al pedo, porque me responde algo que termina con i y no entiendo qué es, porque todo termina con i. Solamente iba a entender si decía Copabacabana o Ipanema. Hasta la puerta siento que todos me shiran y me río, me tengo que frenar para reírme, porque no es cierto, aunque en la última media hora me besé con por lo menos siete. Afuera siento que uno me shira también, pero en la esquina, y cuando me freno a mirar la hora en el celular, y de pronto miro, desde atrás de la reja de una casa alguien se sonríe, y siento que me shira. Siento el fogonazo de súbita intimidad entre nosotros dos, el pibe (tendrá unos 20 años) del otro lado de la reja y yo, las rejas blancas apenas oxidadas, la luna allá arriba, los coches que se escuchan a lo lejos. Nos reímos.

Durante una cuadra un pibe, que seguro viene del mismo boliche, gira para mirarme, a mí, que vengo unos metros más atrás, hasta que cruza, aunque yo no le voy a hacer nada. Entro al supermercado 24 horas de Gomes Carneiro, y después camino unas pocas cuadras hasta casa, mientras el brazuca del boliche, que ahora el whatsapp me dice que se llama Carlos, me manda distintas fotos, distintos ángulos, de su pija parada. ¿Querés?, ¿querés?, ¿querés?, pregunta. Mientras camino esas pocas cuadras, recuerdo: el olor de la tierra mojada por la lluvia en Merlo, el olor a cigarrillo del sobaco de mi ex novio, la niebla avanzando sobre las piedras sucias de una playa en San Francisco. Recuerdo cosas que no recuerdo. Y después, cuando llego, abro la bolsa de plástico: una Schweppes Citrus, una banana pecosa, y un pote de Hagen Dasz que compré por el nombre: Galletitas belgas chocolatosas de medianoche. Abro, como y bebo. Comed de este mi cuerpo, bebed de esta mi sangre, ¿qué es lo que querés, querés, querés?

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