Créditos finales

[9 de Agosto de 2002, 10 AM, Buenos Aires, Argentina, y otra despedida]

Introducción

Esta historia es la historia de otros. Yo fuí solo un cameo repentino, una coda disonante. Por eso quizás convenga que empiece por el final, que sea yo el que tire a la basura los restos de este puchero que yo no cociné. Y que se entienda lo que se entienda.

A ver, intento de bosquejo. Javier, amigo mío, 21 años, nos conocimos en internet hace ya 5 años en el #gayargentina de IRC. El era rugbier y heterosexual en ese momento, hoy ya no es ninguna de las dos cosas. Alejandro, judoca heterosexual (ayer y hoy), vecino, compañero de gym de Javier. Eugenia, mejor amiga de Javier desde la infancia.

Y las barajas que se pegotean. Javier se enamora perdidamente de Alejandro, el judoca. Eugenia funciona como confesora. Javier pone manos a la obra: horas interminables jugando online con Alejandro, intercambio de CDs, salidas compartidas; las ceremonias que subliman o postergan. ¿Será gay? No lo es pero quizás… el propio peso del metejón de Javier lo ciega, invencible.

Ahí entro yo en el juego: Javier me presenta a Alejandro online y nos hacemos amigos “virtuales”. Y las barajas que ahora se mezclan: Alejandro interesado en Eugenia pero Eugenia asegura que no, que Alejandro no es su tipo, que no va a funcinoar… pero el judoca insiste (no mucho, Eugenia no se niega con mucha convicción) y la invita a salir y Eugenia esquiva el intríngulis pero acepta las invitaciones.

Y Javier observa y se tortura, se desdibuja su relación con Eugenia en unos pocos días. Y se dejan de hablar y pronto ya circulan los comentarios entre amigos comunes y la atmósfera viciada y Eugenia acusa de Javier de traidor (¿?) y Javier falto de reflejos y aguijoneado por la inocente sensualidad de Alejandro se suma como tercer punta del triángulo.

Ya el barro lo manchó todo y Javier, en un ataque de lucidez (o valentía) quema las naves: le confiesa a Alejandro que es gay y que está enamorado de él. Alejandro agradece le piropo y la sensatez exigiría una distancia prudente, una vacación de tanto mundanal ruido. Todo debería terminarse o suspenderse, pero no, nada de eso: todo se alarga. Eugenia y Javier ya casi no se hablan pero Alejandro se mete en el medio y se niega a jugar de árbitro.

Y llega mi viaje a Argentina y organizamos una salida los tres: Javier, Alejandro y yo. Todo es extraño y levemente perverso, salvo para nosotros tres esa noche en Grant´s y los días siguientes y las interminables horas online. Conozco a Eugenia fugazmente, nos olemos desconfiados y no nos gustamos. A los pocos días otro intercambio online sella nuestra relación: yo le digo lo que pienso, ella no piensa o no dice.

Y todo se desbarranca en pocos días. Alejandro, deprimido, que promete fidelidad a sus amigos, afirmando su capacidad de mantener amigos y noviazgos en territorios limítrofes pero aislados; pero cancela varias salidas a último momento y promete aparecer donde nunca aparecerá.

Javier ya enterró su historia y da saltitos sobre la montañita de tierra tibia. ¿Y ahora qué? Yo sigo charlando con Alejandro online, y es como si nada hubiera pasado, pero eso mismo me alarma y me irrita.

Y ya sé que no hay vuelta atrás. A los pocos días me voy de Argentina, de regreso a USA. Me despido de Alejandro, para siempre, con este email.

Nudo


—– Original Message —–
From: Christian
To: Alejandro
Sent: Friday, August 09, 2002 10:00 AM
Subject: Créditos finales

Vaya uno a saber. La vida contiene sus propios misterios. Andá a saber por qué los salmones remontan las corrientes para desovar, o por qué las galaxias se prenden y se apagan tan impunemente. Frente a eso el misterio de tu desaparición es insignificante, irrisorio.

De alguna manera, este email tiene connotaciones prácticas: volar una dirección de mi libreta de direcciones, tachar un ítem del icq y del MSN messenger. También hay connotaciones filosóficas, o como lo dirían los insoportables Vox Dei: todo tiene un final, todo termina.

Y de última otra connotación plus que te va a servir a vos: ya prendiste fuego una quinta y llenaste de goteras el techo de la biblioteca. Me voy a tener que quedar con la intriga: ¿cuál seria la próxima catástrofe que impediría el cumplimiento de tus compromisos básicos? ¿una súbita contaminación magnética borró el disco rígido de la computadora? ¿un volcán entró en erupción en el zaguán de tu casa? ¿un géiser se abrió paso entre los azulejos de tu baño? ¿una horda de corsarios enloquecidos te secuestró a vos, asesino a tu perra Rotweiler e incendió tu computadora mientras bailaban enloquecidos, ciegos de vino y furia, y con las caras untadas de sangre?

Las otras motivaciones son de índole egoísta, esta película con vos, como quiera que se llame, cumplió su periplo en mí, fundió a negro y para mí no hay película sin créditos finales. Sí, los chorros de palabras mientras suena la última balada del soundtrack, bolsa de gatos con protagonistas y asistentes de cámara, microfonistas y gracias y desgracias a todos los que hicieron esto posible o imposible.

De última y quizás de rebote algo te sirva, pero seguro que me sirve a mí.

La versión básica de la película mostraría que me ofrecí con honestidad desde el minuto cero, que puse las cosas ahí: mi crudeza, mi buena o mala onda pendular, mi humor, mis pilas. Me ofrecí a ayudarte con tu currículum, a ir al gym con vos para entrenar, a salir juntos muchas veces, a ir al teatro con Viviana, a prestarte una camarita. Me dejé quizás llevar por un dato trivial: un pibe heterosexual que de pronto parecía disfrutar de la compañía de un pibe gay. Una amistad de tarjeta postal que cruza fronteras y derriba ghettos. Una historia simple: chico judoca hetero conoce chico nerd y maricón. Tenía potencial, hay que admitirlo.

Evidentemente, creo que me dejé engañar fácil por el celofán del paquete. Seguramente vi esta muestra de cordialidad como algo más profundo, como una amistad que iba hacia algún lado, como la construcción de una intimidad perdurable. Y ahora me doy cuenta que no pasó nada. Y de alguna manera la lógica de siempre se cumple: no voy a gritar “Discriminacion!” porque no tiene sentido, pero si es verdad que el chico hetero con novia que me odia tenía que terminar de un lado y no podía estar en todos lados: leyes de la física elemental lo impiden.

Y ese criterio no se discute. Yo estoy claramente de un lado, me enorgullezco en ser amigo de alguna gente y enemigo de otros cuantos. Y hay una gran multitud que ni siquiera amerita que gaste media caloría pestañando por ellos.

Y al fin y al cabo, el mundo no se divide entre gays y heteros. Chupar una venosa verga con pasión o lamer una lastimadura peluda y áspera no son, en definitiva, motivos de definición tajante. O quizás si. Pero estoy seguro que sí hay otras aguas divisorias: la gente que va a buscar las cosas y la gente que no, la gente que pone la cara, pelea y la gente que no. La gente con opiniones y convicciones y la gente cuyo objetivo en la vida es sellar todo con una sonrisa fácil y con una cordialidad de salón. La gente que todo el mundo recuerda como “buen pibe/a” y los adjetivos se agotan ahí, y la gente que recibe calificativos con más color: turro, loco, descontrolado, hijo de puta.

Adiós adiós. O en inglés: bye bye.

Creo que merecía algunas cosas: que me expliques por qué me dejaste pagando el día del teatro (a mí y a Viviana, que solo te vio una vez y se fue preparada para cenar con vos ese día) o por qué desapareciste sin decir una palabra. Quizás me merecía que los títulos finales fueran una coproducción entre vos y yo.

Andá a saber, la vida compensará. Traerá algún amigo nuevo, o algún desengaño más, que también contenga su lección como la perla dentro de la ostra.

Y acá viene la parte necesaria de toda despedida: los buenos deseos finales:

1. Ojalá que salgas de tu depresión crónica, hecha a medida. Tenés 24 años, sos un pendejo, tenés casa, laburo, padres que te bancan y te das el gusto de colgar una carrera un año antes de terminarla, con motivos nebulosos. La sola visión de 3 minutos de cualquier noticiero debería alcanzarte para salir a saltar Dánica Dorada por la vida. Es verdad que la depresión tiene sus propias reglas absurdas pero la vida sigue ahí: un sánguche que espera tu mordiscón.
2. Sé amable solo si vale la pena. Poné el cuerpo atrás de tus palabras. Si decís A es porque pensás A y porque esa A la defendés con tu vida. Si no calláte la boca, o quedate en tu casa jugando al Nintendo. Creo que eso te haría la vida más interesante a vos, le daría un sentido adicional a todo (¿y no es eso lo que más invita a la depresión, el vaciamiento de sentido?) y haría la vida mucho más filosa para la gente que te rodea.
3. Salí con quien tengas que salir (sea esto hombre, mujer, cefalópodo, batracio o pendeja soberbia necesitada de una transfusión de energía vital y sensatez) y defendé tu relación. Si salís con alguien debería ser por alguna razón (¿misteriosa?), pero conviene que defiendas esa relación, porque estar al lado de alguien sin tomar partido por ese alguien es estúpido. Denigra a la persona que tenés al lado y te insulta a vos.
4. La próxima vez que le aseveres a alguien que sos amigo, o que tenés interés en una amistad, asegurate de dedicarle a tal afirmación aunque sea 2 horas de reflexión. Mis amistades no son cartón pintado. Si son algo pintado, son ciertos frescos de Miguel Angel: frágiles, bellos, tempestuosos, únicos.
5. Andá de frente, vení y decí. Si algo te importa, que se note. Si algo no te importa, desaparecé. Si algo te enoja, insultalo. ¡Sangre! ¡Que corra sangre! Transpirá, pero no solo levantando mancuernas y arrastrando poleas. Bañate en sudor cuando algo te calienta o te genera impotencia. Puteá! El mundo está superpoblado de amebas invisibles, no hace falta una más.

Bueh, esos fueron los consejos del Viejo Vizcacha para vos, pero carentes de rimas gauchescas. Y ahora sí me voy, en cumplimiento de mi deber. Caí de la nada, un día hace varios meses, hablando locuras. Me voy de la misma manera que llegué, desaparezco en el cosmos, un asteroide más que se traga la noche.

No espero (ni quiero) respuesta. Este mail es una botella al mar sin remitente. Que se la trague el océano como a Alfonsina. Vos, como siempre (ahora me doy cuenta que como siempre) sos un espectador de un espectáculo de variedades, del que nunca fuiste parte, más que como público sumiso y aplaudidor. Gracias gracias!

Cae el telón sobre el escenario de la vida.

Y plaf, se acabó.

Xtian

Epílogo

Javier sigue yendo al mismo gym de siempre. También Eugenia y Alejandro, que cuchichean entre ellos y se besuquean con sigilo, al costado de la cinta mecánica. Javier y Eugenia no se han saludado en meses. Tampoco Javier y Alejandro.

This Post Has One Comment

  1. mino!

    así son las cosas…

    lo disfruté la primera vez y lo hago una vez más…
    poné los antiguos..

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