Gracias por leer

[Buenos Aires, Club de Osos de Buenos Aires, junio de 2008]

Como siempre y otra vez: el viernes me quedo casi toda la noche despierto, insomne y empiezo el sábado durmiendo a lo largo de todo el día, en sorbitos de dos horas, me levanto a mear, a revisar correo, de vuelta a la cama, leo algo con los ojos pegados, me duermo otra vez, me despierta el teléfono con una amiga en crisis pidiendo consejo, vuelvo a la cama otra vez, me despierto con los pies fríos y con el cuello transpirado y con la sensación de haber cruzado a nado un río espeso de petróleo. Son casi las 12 de la noche y apenas hay tiempo para comer algo que sea desayuno, almuerzo, merienda y cena y ver algo de gente, ya circulando por los pasos a niveles de la noche, contra el neón, sobre el agua sucia que se acumula contra los cordones. Hay noche de bar en el Club de Osos y ahí voy, mi bandera va adelante y mi corazón detrás. Me tomo el 12, me entretengo mirando la película de la ventanilla, y una chica y un chico, novios, que juegan un ajedrez con los piecitos, mientras se hamacan con los arranques y frenadas del colectivo.

Toco el timbre en la sede del club y ábrete sésamo: hay demasiada luz y demasiada gente. El salón rectangular tiene mesas para 4 personas contra las paredes y el resto de la gente está parada en el centro. Voy hasta el bar, que está en el fondo y pido un gancia solo, sin hielo. Me lo sirve un gordo peludo, en cuero, tatuado, que agarra los hielos con la mano. Conozco a algunos de los osos (oso: hombre gay, peludo, barbudo, gordote) y cazadores (cazador: hombre gay, generalmente más flaco, al que le gustan los peludos gordotes) del chat, pero están todos charlando en grupos grandes y no tengo ganas de sumarme. Prefiero saludar con un beso y seguir camino hacia el baño, a mear, y después volver y quedarme parado observando a una distancia prudencial.

Es el morbo de leer y de escribir. Leer algunos gestos, escuchar flecos de conversación y escribir el resto de la historia. Un pendejito de no más de 22 años, flaquito desnutrición, sentado en la falda de un chubby (gordo muy gordo, con la cara afeitada) de unos 55 años. ¿Cómo encastrarán estos dos lo cóncavo y lo convexo? ¿Cómo se nombrarán en la intimidad? ¿Exagerarán el contraste o lo esquivarán? ¿Serán Pulguita y Zepelín, Cuchi cuchi y Amor de mi vida o Darío y Alejandro? Conozco a un alfeñique al que le encantan lo que el define como “osos tanques”. El gusto es muy específico y acotado, no le interesa nadie que pese menos de 150 kilos. Punto. Dice que tenía un tío barbudo muy gordo con el que jugaba al tanque cuando era chico. O sea, a ser atropellado. El era un soldado enclenque enfrentando con coraje la muerte y la gloria y brúúúúm, aparecía el tanque enemigo y lo atropellaba, lo aplastaba, lo escondía y lo cobijaba debajo de la carne tibia, del corderoy del pantalón y la lana del suéter, y entonces unos pocos segundos de la piel de la panza que por un momento raspaba abriéndose paso entre la cintura del pantalón y el suéter.

– Hola, ¿vos sos Christian?

La voz me saca de los enigmas de la guerra y me trae de nuevo al bar de osos. Enfrente tengo a un pibe muy petiso, flaco, de barbita candado, con un pulóver de rombos levemente ochentoso. El cuerpito es frágil y desgarbado, pero la cara tiene unos 35 años o más. Revisión estratégica completada: el pibe no me gusta.

– Sí – dijo.
– Ah, yo leo tu weblog. Es más, charlamos un par de veces.
– Disculpame, tengo problemas graves de memoria. ¿Vos vas a Contramano? ¿Dónde fue que charlamos?
– No, charlamos por email. Te mandé un email y me lo contestaste.

O sea que para este pibe charlar significa intercambiar un par de emails. Me lo imagino con ojeras, en pantuflas, alimentándose únicamente de latas de conserva en un búnker subterráneo, sin salir nunca a la calle salvo para venir al bar de osos de vez en cuando y manteniendo largas tertulias frente a la pantalla de la computadora. Pobre Jane Austen, aguzando el oído para escuchar el roce de ropajes y palabras en los amplios salones del hotmail. Se apaga la lucecita roja de mi disco duro y retomo el foco.

– Disculpame, yo te dije mi nombre. ¿Pero no sé cómo te llamás vos? – le pregunto. Quizás si me dice el nombre me acuerde de la conversación.
– Me llamo Rodolfo, pero en el email firmo como Rodolfín.

Tengo el impulso malévolo de mirarlo de arriba abajo, barrerlo como si fotocopiara su cuerpito de metro cincuenta y le entregara la copia en una hoja A4. Me contengo. El segundo impulso es inventar una excusa y rajar hacia otro costado del salón, pero no, no puedo ser siempre tan cobarde. Tengo que entrenarme en el arte de la conversación intrascendente con alguien con el que no quiero garchar.

– No me acuerdo de ningún Rodolfín. ¿De qué hablamos?
– Me dijiste que gracias por leer tu weblog.

Ese es el mensaje estándar que le envío a la gente que me contacta. No quiero preguntar si eso fue todo lo que “conversamos”. Presiento que sí. Estoy seguro que sí. Tomo un largo trago de Gancia.

– Me gusta mucho cómo escribís.
– Gracias.

Acá empieza la entrevista. Puedo presentirlo. Frente al elogio hay pocas alternativas. Puedo contestar con pocas sílabas y aparecer parco, casi descortés o puedo explayarme y aparecer ególatra. En cualquier caso cualquier magia que haya generado la escritura (mejor dicho, la lectura) se pierde. Quizás sea reemplazada por otra cosa, aunque nunca me pasó. El escritor que te cruzás y con el que hablás en persona es el aguafiestas que viene a desarmar la escenografía, a hacer rodar con un empujoncito esas rocas de papel maché que habían arrasado un pueblo entero con su alud.

– ¿Y las cosas que escribís en el weblog pasaron de verdad?
– Sí, la mayoría sí. No tengo mucha imaginación, así que invento poco.
– ¿Entonces tenés un amigo taxi-boy que te invitó a una orgía para que vayas con tu novio?
– Sí.
– Ah, yo pensé que eso lo había inventado.
– No.
– ¿Y para qué lo contás?
– No estoy seguro. Pero tengo problemas graves de memoria y la sensación de que si no escribo las cosas, me las olvido antes de que tengan el efecto que deberían tener en mí. ¿Se entiende o estoy hablando pavadas?
– Sí, pero, ¿para qué las publicás? Podrías escribir un diario y listo.
– Si cuando termino de escribir algo me doy cuenta que me reí, o que descubrí algo que no sabía, o que me emocioné, tengo la esperanza de que también le pase a otro. O sea, es una manera de confirmar que no estoy tan loco y que sigo estando en contacto con los demás. Algo así. Esto lo estoy pensando ahora.
– ¿Y no te da vergüenza mostrarte tanto? Porque algunas cosas que contás son bastante…
– ¿Íntimas? Sí, puede ser. Supongo que te referís a las partes sexuales. El sexo es un misterio, sí, y me interesa qué pasa ahí. Pero no sé si me interesa el sexo en sí, sino qué pasa cuando se mezcla con otras cosas.

Hablemos de mí que es un tema fascinante. Tomo otro trago de Gancia.

– A mí algunas cosas me dieron la impresión como de que… las había escrito yo. O que yo las había pensado así también. Y otras no… ¿Pero todo lo que escribís es cierto en serio? Eso de que fuiste a un departamento privado y le pagaste a un pibe… ¿es cierto?
– Sí, aunque a eso le cambié el final. En el cuento yo le pago a ese pibito que me había dicho que era activo y al final resultó super pasivo. Y después de eso me voy. Pero en la realidad me quedé, pagué otro turno y estuve con el tipo que me abrió la puerta. Pero me parecía que era más patético si me quedaba sin plata para otro turno, y no quería que el cuento fuera muy largo, así que corté el cuento ahí. Pero solamente hago ese tipo de modificaciones, o sea, cosas para mejorar el efecto del cuento, pero no cambiando el núcleo de verdad, por decirlo de una manera pretenciosa.
– ¿Y no tuviste problemas con algunas de las cosas que escribiste? ¿Amigos que se enojaron, o cosas así?
– No. Cambio los nombres y a veces otros datos. Pido permiso. Y le muestro el texto a los “actores” antes de publicar. O les aviso que lo publiqué y les digo que si no le gusta lo puedo bajar del weblog. Nadie, hasta ahora, se ofendió, sino que al contrario. Muchos me sugieren que cuente otras historias. “Esto es para el blog”. Cada vez que alguien dice eso, seguro que no es para el blog.
– ¿Y ahora estás saliendo con alguien?

El súbito cambio de dirección en la conversación me toma por sorpresa. Otro trago de Gancia. El último.

– No, salí dos años, pero me peleé ya hace más de un año. Ese es otro tema. Casi no escribí sobre mi noviazgo, porque eso sí me parecía íntimo y me lo guardo.
– A mí me gustaría estar bien con alguien pero no sé…
– ¿No sabés qué?
– Creo que no seríamos compatibles nosotros dos.

Hago el gesto de ajá con la cabeza, como si hubiera dicho cómo mata la humedad, o, y… así es la vida. Empino el vaso de nuevo pero no hay más Gancia, el hielo me choca contra los dientes y maniobro para que me entre en la boca. Necesito tener la boca llena. Me acuerdo del gordo del bar manoseando los hielos. Muevo el hielo adentro de la boca, de un cachete al otro.El tipo sigue:

– Yo estoy buscando alguien para estar en serio, alguien para estar bien… Alguien que esté cómodo en un boliche gay pero también en una cancha de fútbol. No sé, yo no creo mucho en las etiquetas. Eso de gay, hetero, bisexual. Yo soy yo, Rodolfín. Dicen eso de que un pelo de concha… bueno, en mi caso sería pelo de otro lado… que tira más que diez caballos. A mí no me tira tanto el pelo ese, me tiran más otras cosas, cosas más…
– Del corazón.
– Sí. A mí no me va el sexo express y todo eso. Y el puterío, a mí un hombre me gusta hombre. Sino estaría con una mina y listo.
– Y sí…
– Lo que yo quiero es estar un domingo a la tarde mirando un dvd en casa tirados en el sofá, comiendo facturas, todos pegoteados con la grasa de las facturas. Ese es mi sueño.
– Sí, te entiendo.
– Pero para mí que nosotros dos, no sé, no funcionaría. No digo porque vos seas activo o pasivo, eso es secundario, si vos amás a alguien. No sé, es como lo que te decía de las etiquetas. A veces el pasivo es el que más se mueve en la cama y el activo está duro como una estaca… Y tampoco digo que no quiero coger, porque soy de carne y al Rodolfín de ahí abajo hay que darle algún alpiste, pero eso de estar tirados en el sofá es más importante.
– Sí, entiendo.

Es hora de rajar. De pegar el portazo y rajar. Ahí va el portazo:

– Yo lo que creo es que a veces está bueno que el sexo sea pija y culo y leche. Y nada más. Hay gente con la que no quiero ni hablar, que si la hablan la cagan. Con esos sólo quiero coger. Y me gusta que sea así.

Hago una pausa. Me trago el hielito. Levanto el vaso en el aire para que vea que está vacío y hago el gesto de que voy a buscar otro trago.

– Che, bueno, un gusto. Y gracias por leer.
– No, todo bien, che.

Voy hacia el bar y me pido otro Gancia. Trato de sacar la mirada de la gente, para no cruzar otra mirada con él. Miro un póster de la pared. Es el detalle del pecho peludo de un gordo, expandido. Los pelos del pecho están pegoteados por una leche blanca, que tardo en identificar como una acabada. Me doy cuenta después por qué es que tardé en asociar esa plasticola con semen. La leche pegada en los pelos dibuja casi holográficamente una carita de oso Yogui, el logo del club.

– Che, me voy a ir. No hay nada que me interese acá.

Es el petiso incompatible de nuevo.

– Ah ok, cuidate varón – dijo, y me agacho para darle un beso en la mejilla.
– Lo único que me interesa acá sos vos – dice.
– Gracias.

Casi digo otra vez “por leer”.

– ¿Qué hacés entonces? ¿Te quedás?
– Sí, sí, me quedo.

El pibe sonríe y se va. Lo veo desaparecer entre la gente y lo sigo con la mirada hasta que lo veo salir. Al costado de la puerta, como un tótem, hay una pija parada gigante de papel maché.

This Post Has 18 Comments

  1. el Masi

    Pobre Rodolfin, me lo imagino leyendo esto, en sus pantuflitas.

  2. Leo

    Apuesto a que Rodolfín firma enojado este posteo.

    Abrazos.

  3. Santxo

    Es el precio de la fama…, aunque parece que cada uno se arma una imagen totalmente distinta de vos en base a lo que lee… no te imagino muy comodo en una cancha de futbol! (a menos que tuvieras tu cuadernito a mano)

  4. Mori

    Qué divertido, en los primeros párrafos, cuando entre paréntesis explicas qué quieren decir algunas palabras. Y, sí, ¡pobre Rodolfín!

  5. Mariano

    No sé, me dio un poco de cosa este relato. Por este chico Rodolfín, digo.

  6. Rosarioso

    Los boliches están llenos de gente que no nos interesa: el problema es cuando se acercan con sus propuestas…

    Muy bien relatado, atrapante… pensé que la historia iba a terminar a las piñas otra vez!!!

    Saludos

  7. Nicko

    Hacia mil que no entraba… temí que hubieses dejado de escribir, pero veo que fue un temor infundado.

    tuve un psicópata parecido, que perseguía el micro que me tomaba en la puerta de la facu en auto, para ver donde vivía… así
    que lei ese relato con bastante angustia emotiva..je!
    ah, por si no te acordas…somos los dosdot

    abrazo!

  8. Anton

    GRANDOTEEEE!!!!! muy bueno el relato sobre todo “bandera adelante, corazon atras” en fin nada mas un abrazo y te cuidas gradnote!!

  9. Madmaxi

    Ja! Muy buen relato X! Y qué fue de la vida de… Rodolfín? Jaja. Lo describiste tan bien que me hice una imagen de él. Muero por hacer el taller de escritura con vos, Osito! Abrazo!

  10. electrochongo

    Excelente relato, me imagino que habrá sido bastante incómodo el diálogo

    saludos, che

  11. Zoe

    Rodolfin y yo tenemos los mismos gustos.
    Beso.

  12. juli

    “Tengo que entrenarme en el arte de la conversación intrascendente con alguien con el que no quiero garchar.”

    sos increible, te adoro!!

  13. Franco

    Como siempre, un placer leerte.
    Abrazo!

  14. marC

    existe algo, entre misterioso y fascinante, en un hombre solo en un bar, gordito y con el pecho peludo… tu relato me hizo sentir un cazador. Aunque en otra vida prefiero nacer como oso.

    un abrazo Xtian.

  15. Nabig

    Hola Xtian, che, pediste un gancia solo sin hielo.Despues mas adelante te tragas en hielito.
    el barman te sirvio hielo ignorando tu pedido???
    o era otro trago que no mencionaste???
    nose si lei bien, preguntaba nomas.
    saludos che!
    muy bueno el blog!
    nabig!

  16. Xtian

    Buen detalle, Nabig. Lo que pasó es que me sirvió los hielos igual el tipo, y los agarró con la mano. Pero habría que arreglar el texto para que se entienda mejor eso.

    Gracias por leer con atención.

  17. elio cesar

    jjjjjjjaja buenisimo el relato , pero creo que le erraste, este chico rodolfin ,se ve que valia la pena , un buen tipo sin vueltas , que sabe que busca el amor ni mas ni menos .
    con tanta pija con patas q anda dando vueltas por ahi y lo rechazaste .

    a proposito no recuerdo si “me diste las gracias ” por leer tu weblog , y de pasada podrias leer el mio y dejarme un comentario .

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